La Feria del Libro de Sharjah cumple 45 años y sigue siendo la escapada cultural más generosa a una hora de Dubái. Manuscritos de hace nueve siglos, un pabellón peruano que nunca habíamos visto aquí y libros envueltos en papel marrón que no sabes qué esconden.
Qué te espera si cruzas a Sharjah este mes
Hablamos de la 45ª edición de la feria, que ha abierto sus puertas en el Expo Centre Sharjah y se queda hasta el 15 de noviembre. Nació en 1982, así que llevamos casi medio siglo de una cita que ya forma parte del calendario cultural del emirato. Las banderolas naranjas vuelven a colgar sobre los pabellones y dentro los pasillos se convierten en una especie de souq (el mercado tradicional, ese laberinto de puestos donde se regatea con una sonrisa) hecho de papel: editoriales, librerías, mesas redondas, talleres y rincones para sentarse a escuchar.
El trayecto es lo de menos. Desde buena parte de los barrios de Dubái se llega en menos de una hora, y eso convierte la cita en un plan de tarde sin pedir vacaciones ni hacer noche fuera. Eso sí, conviene elegir el momento: los fines de semana el recinto se llena de familias y de grupos escolares, y las colas y el aparcamiento se ponen cuesta arriba. Si puedes, un día laborable por la mañana es otro mundo.
Lo que más me gusta es que esta feria no vive de la novedad. No hay grandes reclamos ni fuegos artificiales. Hay libros, y hay tiempo. Cada pabellón está pensado para caminar despacio, y quien entra con prisa sale con la sensación de no haber visto nada. En España una feria del libro se mide en calles; aquí se mide en naves.
El Perú que nunca había venido a los Emiratos

Entre pabellón y pabellón aparece una sorpresa: el estand de la embajada de Perú. Es la primera vez que el país participa en esta feria y, según la propia delegación, también la primera en cualquier feria del libro de los Emiratos. Las mesas están cubiertas con textiles peruanos y las estanterías, bien surtidas: traducciones al árabe de novelas de Mario Vargas Llosa, libros de cocina con recetas del país y títulos infantiles sobre su historia y su patrimonio. ‘Ya estamos hablando de aumentar la participación peruana en la próxima edición’, cuenta el embajador Alberto Farje.
En la vitrina hay también una reproducción de un vaso de cerámica con una orca mitológica. El original, pensado para guardar agua, lo produjo la cultura Nasca, que floreció entre el año 100 antes de Cristo y el 800 después de Cristo en la costa sur del Perú. Un objeto de hace casi dos mil años en una feria de libros, porque las ferias de libros también son eso: una excusa para mirar de dónde venimos.
Un libro traducido es una frontera menos, y aquí las fronteras se cruzan casi sin darse cuenta, entre pabellón y pabellón.
Manuscritos con siglos encima y un invitado que enseña su alma
El estand de la Universidad de los Emiratos Árabes Unidos muestra una docena de manuscritos de su colección: trabajos del siglo XVIII sobre medicina, notas arqueológicas del siglo XVI y varias copias del Corán con siglos a cuestas y decoración en pan de oro. La institución guarda 600 manuscritos y aquí se exhiben doce, elegidos entre medicina, derecho y religión. Al lado, una selección de sus publicaciones: un atlas de minerales y rocas de los Emiratos y libros especializados en derecho. ‘Participamos cada año’, dice Abdulrahman Al Kindi desde el estand.
Omán es el país invitado de honor, y su espacio es un viaje a lo que la Unesco reconoce como patrimonio cultural inmaterial: el khanjar (la daga curva que es emblema nacional), los espectáculos ecuestres y de camellos conocidos como ardhah y el Al Azi, un arte escénico poético que se recita en grupo. También hay figuras vestidas con trajes tradicionales de distintas regiones del sultanato.
Y hay manuscritos. Uno es un compendio médico del físico omaní Rashid bin Umayra Al Rustaqi. El otro, Majmoa Alsyar wa Aljawabat, una recopilación de biografías y respuestas, está considerado el manuscrito omaní más antiguo que se conserva: data de 1137. Un documento de hace casi nueve siglos, detrás de un cristal, a una hora de tu casa.
Citas a ciegas: comprar un libro sin saber cuál
Mi rincón favorito es pequeño y algo absurdo. Es la mesa de la editorial Little Puffin, de Sharjah, donde los libros esperan envueltos en papel marrón, sin título a la vista. La iniciativa se llama Blind Date with a Book, una cita a ciegas con un libro. Eliges idioma —inglés o árabe— y género —ficción o no ficción— , y ya está. El resto es confianza.
‘Es un misterio, no sabes qué título te va a tocar’, explica Kyla Salvieio desde el estand. Sin sinopsis, sin portada, sin reseñas. Solo un paquete marrón y la posibilidad de equivocarte, que es lo que llevamos siglos haciendo con los libros y con casi todo lo demás.
Si vas con niños, el estand del UAE Board on Books for Young People merece una parada: allí están los finalistas del International Award for Arabic Children’s Literature, con categorías por edades que van desde primeros lectores hasta no ficción, y los ganadores se anuncian durante la propia feria. Para los adultos, los pabellones internacionales rebosan novedades: traducciones de Voltaire y de Clarice Lispector, álbumes ilustrados y títulos que no encontrarías en Dubái ni buscándolos.
Lo que una familia de habla hispana encuentra aquí (y lo que no)
Voy a ser honesta: encontrar libros en español en los Emiratos es una gymkana. Las librerías generalistas dedican estanterías contadas al idioma y la mayoría de lo que leemos llega por encargo, en maleta o por internet. Por eso una feria así se disfruta distinto. No vienes a reponer la biblioteca de casa; vienes a ver libros de cerca, a tocarlos y a olerlos, que suena cursi y es literal.
Aun así, este año hay una ventana que antes no existía. El pabellón peruano pone en circulación algo que escasea: referencias nuestras. Vargas Llosa traducido al árabe no es solo un dato bonito. Es la posibilidad de comprar ese libro y regalárselo a un compañero emiratí de oficina o al profesor de tu hijo, y tener la excusa perfecta para explicar de dónde vienes sin soltar un discurso.
Luego está el idioma. Yo entré por primera vez con un árabe de supervivencia y salí con tres libros en inglés y una lista de deseos en árabe que todavía no he tachado. Nadie te mira raro si hojeas despacio ni si preguntas qué significa un título. Al contrario: aquí preguntar es casi un deporte.
Lo que cuesta, y lo digo tal cual, es el calor y el tamaño. Los pabellones son enormes, se camina mucho y el recinto está pensado para pasar horas, no para una visita de cuarenta minutos. Mi consejo después de varias ediciones: zapatillas cómodas, agua y dos o tres pabellones por visita en lugar de intentar verlo todo. La feria sigue hasta el 15 de noviembre; tu energía, no.
Me fui con un libro envuelto en papel marrón que todavía no he abierto. No sé qué es. Sé que volveré antes del 15 de noviembre a por otro, y que esa incertidumbre —no saber qué te vas a encontrar— es justo lo que mantiene viva una feria que ya va por su 45ª edición.
Para que no te pille por sorpresa
- Lo más importante: la 45ª edición se celebra en el Expo Centre Sharjah y puede visitarse hasta el 15 de noviembre, con Omán como país invitado de honor.
- El error más común: ir con el tiempo justo y sin agua. Los pabellones son enormes, el calor aprieta al salir y dos horas se quedan cortas para lo que interesa.
- Te recomiendo: la mesa de Little Puffin para el Blind Date with a Book y el pabellón de Omán para los manuscritos; si vas en coche, madruga para aparcar con calma.
- Para sonar local: ‘kitab’ (كتاب) significa libro en árabe; si añades ‘min fadlak’ (por favor), tienes la fórmula completa para pedir uno en cualquier estand.

