Ser católico en Emiratos suena, de entrada, a contradicción. Y sin embargo aquí estoy, un domingo por la tarde, dando vueltas con el coche alrededor de la iglesia de Santa María, en Dubái, buscando un hueco para aparcar antes de que empiece la misa.
Llevo años viviendo aquí y la escena sigue descolocándome. En un país donde el Islam es la religión oficial y donde la llamada a la oración marca el ritmo de las calles, hay centenares de miles de católicos que viven su fe con una normalidad que cuesta explicar a quien no lo ha visto. No es una tolerancia de tapadillo. Es parte del paisaje.
Lo que nadie me contó antes de llegar
La primera sorpresa es la organización. Aquí la Iglesia católica no funciona como en España o en México: Emiratos Árabes Unidos, Omán y Yemen forman parte del Vicariato Apostólico del Sur de Arabia, con sede en Abu Dabi y confiado a los capuchinos de la Provincia de Florencia. Al frente está monseñor Paolo Martinelli, nombrado por el papa Francisco en 2022, y la representación diplomática del Vaticano en la península recae en el nuncio apostólico, monseñor Christophe Zakhia El-Kassis, con sede también en Abu Dabi.
Es una Iglesia hecha de emigrantes, y eso se nota en todo. ‘La nuestra es una Iglesia de migrantes. Todos nuestros fieles provienen de distintos países y culturas, y eso hace que nuestro vicariato sea verdaderamente universal’, explicaba Martinelli a los medios del Vaticano. Se calcula que los católicos representan entre el 8 % y el 9 % de la población del país, aunque cualquier cifra baila, porque la población expatriada cambia cada curso.
En Abu Dabi hay alrededor de nueve iglesias católicas. La más conocida es la parroquia de San José, con cerca de 80.000 feligreses y misas en hasta catorce idiomas. India, Filipinas, Sri Lanka y también familias hispanohablantes. En Dubái, en cambio, solo hay dos parroquias católicas oficialmente reconocidas: Santa María y San Francisco de Asís.
Aquí la fe se vive con menos ruido y más hambre: sin procesiones por la calle, pero con la iglesia llena antes del amanecer.
Las dos parroquias que sostienen a media Dubái

Santa María se construyó en 1967 gracias a una donación del entonces gobernante de Dubái, el jeque Rashid bin Saeed Al Maktoum, y hoy atiende a más de 300.000 fieles de países como Filipinas, India, Líbano, Sri Lanka, Sudán del Sur, Nigeria o Colombia. Tiene quince sacerdotes permanentes y celebra misas en inglés, tagalo, tamil, konkani, francés, español y otros idiomas, desde antes del amanecer hasta bien entrada la noche.
Los números de la parroquia impresionan: reparte unas 51.000 comuniones cada semana, casi 200.000 al mes. Detrás de esas cifras hay logística pura. Un feligrés que vive en Dubái desde hace tres años lo resume así: para llegar puntual a misa hay que salir con cuarenta minutos de antelación, sobre todo los domingos por la tarde, porque la zona se colapsa y aparcar se convierte en una odisea. ‘Pero todos lo asumimos como parte de nuestra vivencia de fe’, añade.
La segunda parroquia, San Francisco de Asís, está en la zona de Jebel Ali y abrió sus puertas en 2001 para atender a los católicos del sur de la ciudad. Es más pequeña, pero tiene una actividad pastoral intensa: misas diarias en varios idiomas, catequesis, grupos de jóvenes, retiros y voluntariado social. El terreno lo cedió el gobierno local, un gesto que no conviene pasar por alto.
La comunidad hispana que se ha hecho un hueco en San José
Si existe un rincón donde un hispanohablante deja de sentirse recién llegado, es ese. En la parroquia de San José, en Abu Dabi, la comunidad de habla hispana reúne a unas 300 personas entre feligreses, catequistas, monaguillos y familias. Alexander Rodríguez llegó en 2022 y hoy coordina ese grupo, que no ha dejado de crecer: cada curso aparecen nuevos voluntarios y nuevas actividades.
Te lo digo por experiencia: lo que más ayuda cuando aterrizas no es una guía, es saber que el domingo hay una misa en tu idioma y que después alguien te va a a preguntar de dónde eres. En Santa María, las misas y las catequesis en español se han convertido en punto de encuentro para colombianos, venezolanos, mexicanos, argentinos y españoles que, de otro modo, tardarían meses en tejer una red.
Y aquí viene el matiz honesto, el que no aparece en las postales: la fe se vive aquí más hacia dentro. Las procesiones que en Sevilla o en Guatemala llenan calles enteras se celebran dentro de los recintos parroquiales; no hay imágenes recorriendo avenidas ni campanas que compitan con el tráfico. ‘Aquí la fe se vive de una manera más interior, más privada, pero eso no la hace menos intensa. Nunca he sentido que se me limite por ser católico’, cuenta Alexander. Lo comparto: cuesta más madrugar, cuesta más aparcar, y a cambio uno descubre una comunidad que funciona, en la práctica, como una familia extensa.
Lo que cambia cuando la fe se practica con discreción
Hay reglas que conviene entender antes de llegar, y se explican mejor sin aspavientos. El país reconoce la libertad de culto para las religiones no musulmanas y ha impulsado la convivencia con gestos concretos, como la Casa de la Familia Abrahámica de Abu Dabi, el centro que reúne mezquita, iglesia y sinagoga y que en 2023 abrió sus puertas a una reunión interreligiosa en la que católicos, musulmanes y judíos celebraron allí sus ceremonias. La misa al aire libre que el papa Francisco ofició en 2019 fue otro hito.
Ahora lo práctico. El proselitismo —predicar para convertir, sobre todo a musulmanes— no está permitido, así que el apostolado se entiende aquí como testimonio cotidiano, en la familia y en el trabajo. Y la práctica religiosa no musulmana se desarrolla, por norma general, dentro de los templos y recintos designados. La fe se expresa con naturalidad, pero también con discreción, y eso al principio desconcierta a quien viene de una tradición más ruidosa.
Hay además un terreno donde conviene informarse bien antes de mover papeles: el sistema legal se apoya en el derecho islámico, la sharia, y eso tiene consecuencias en asuntos como el matrimonio, la herencia o ciertos procedimientos. En los últimos años se han aprobado reformas pensadas para los residentes no musulmanes, pero ese capítulo merece un artículo aparte: lo desarrollamos con calma en nuestra guía legal para expatriados, sin atajos y sin sustos.
Cuando salgo de Santa María al anochecer, con el calor ya suave y el aparcamiento vaciándose por fin, me quedo un momento en el patio. Hay una familia india cargando a un niño dormido, un grupo de filipinas comentando la homilía y un matrimonio colombiano que se alarga con un café. Nadie tiene prisa. Si alguien me preguntara si de verdad se puede ser católico en Emiratos, le contestaría con esta imagen: se puede, y además se comparte.
Para que no te pille por sorpresa
- Lo más importante: en Dubái solo hay dos parroquias católicas oficialmente reconocidas, Santa María y San Francisco de Asís (Jebel Ali), y en Abu Dabi la referencia es San José; los domingos por la tarde conviene llegar con 40 minutos de margen.
- El error más común: esperar procesiones por la calle como en España o Latinoamérica; aquí las celebraciones se viven dentro de los recintos parroquiales.
- Te recomiendo: consultar los horarios de misa en español en las webs de las parroquias de Santa María y de San José, y apuntarte a la catequesis hispana si vienes con niños.
- Para sonar local: ‘yalla’ (vamos, venga), la palabra que escucharás cien veces al día.

