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Dubái y Al Jaber cambiaron las reglas del clima: el legado de la COP28 que aún resuena en 2026

Dubái entró en los libros de historia climática por una razón que pocos esperaban. La ciudad que vive del petróleo y el lujo acogió en 2023 la cumbre que, por primera vez, mencionó explícitamente el fin de los combustibles fósiles.

Quien presidió aquella negociación fue Sultan Al Jaber, un nombre que generó polémica desde el primer día. Su doble papel —presidente de la COP28 y máximo responsable de la petrolera estatal— marcó cada titular, y su legado sigue condicionando decisiones energéticas en 2026.

El acuerdo de Dubái que nadie creía posible

Durante más de treinta años de cumbres climáticas, los combustibles fósiles fueron el tema que todos evitaban nombrar directamente. Dubái rompió esa norma en diciembre de 2023, tras una madrugada de negociaciones que se extendió más de lo previsto.

El texto final pedía una «transición» para dejar atrás el petróleo, el gas y el carbón, algo que países como Arabia Saudí e Irak intentaron frenar hasta el final. Que se lograra pese a esa resistencia sorprendió incluso a los negociadores más experimentados.

Al Jaber, el hombre del petróleo que presidió la cumbre del clima

La figura de Al Jaber resume la paradoja de Dubái como anfitrión: un país que vive de los hidrocarburos liderando el primer pacto que los menciona como problema. Su cargo en ADNOC, la petrolera estatal de Abu Dabi, generó dudas sobre conflicto de interés desde su nombramiento en enero de 2023.

Pese a las críticas iniciales, Al Jaber defendió el acuerdo como un «logro histórico» ante la ovación del plenario. Esa mezcla de autoridad petrolera y discurso climático sigue siendo objeto de análisis tres años después, especialmente cuando se evalúa el cumplimiento real de los compromisos firmados en Dubái.

Qué prometió realmente el Consenso de los EAU

Más allá del titular sobre los combustibles fósiles, el llamado Consenso de los EAU incluyó objetivos muy concretos. Triplicar la capacidad renovable global hasta al menos 11.000 GW para 2030 fue uno de los compromisos más citados.

También se acordó duplicar el ritmo de mejora en eficiencia energética y poner en marcha un fondo de pérdidas y daños para los países más vulnerables. Las cifras eran ambiciosas, pero el propio texto dejó margen de interpretación a cada gobierno sobre cómo y cuándo ejecutar esa transición.

Por qué Dubái sigue siendo un foco de atención mundial

Tres años después de la cumbre, Dubái continúa siendo noticia por motivos muy distintos al cambio climático. La ciudad ha demostrado una capacidad de recuperación económica que sorprende incluso a inversores escépticos, manteniendo récords en transacciones inmobiliarias pese a la inestabilidad regional.

Esa misma resiliencia es la que se espera ahora del legado climático de la COP28. El mundo observa si los compromisos firmados en aquella cumbre se traducen en políticas reales o quedan como papel mojado, mientras Dubái sigue siendo el escaparate donde se miden estos avances.

  • Triplicar la capacidad renovable mundial para 2030
  • Duplicar la eficiencia energética anual
  • Fondo de pérdidas y daños para países vulnerables
  • Primera mención explícita a los combustibles fósiles en un texto de la ONU

El futuro del legado climático de Dubái

Mirando hacia adelante, el verdadero examen para Dubái y para el legado de Al Jaber llegará en las próximas cumbres climáticas, donde se revisará el cumplimiento de lo pactado en 2023. La presión de la sociedad civil y de los países más afectados por el calentamiento global no ha disminuido.

Con todo, el precedente está sentado: por primera vez, un texto global nombró directamente al problema. Ese cambio de lenguaje, aunque parezca simbólico, abre la puerta a negociaciones futuras donde ya no será posible evitar la palabra que durante tres décadas nadie quiso pronunciar.

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