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Shasha: la palabra árabe que todo aficionado al fútbol necesita saber para ver el Mundial en Dubái

Te lo digo por si acabas de aterrizar: aquí, en los Emiratos, el fútbol se vive con una intensidad que no esperas. Y en año de Mundial, la ciudad se transforma. Pero no te voy a hablar de las estrellas, ni de las apuestas, ni de los pronósticos. Te voy a hablar de una palabra, una sola, que necesitas dominar si quieres encontrar el sitio perfecto para ver los partidos. Esa palabra es shasha. Y créeme, cuando la entiendes, todo cambia.

Qué es exactamente una shasha (y por qué te va a obsesionar)

Shasha significa pantalla, simple y llanamente. Pero, en el contexto de un Mundial, para un aficionado en Dubái, una buena shasha no es cualquier cosa. Es un altar. La verdad es que, cuando un café presume de tener una buena shasha, te está prometiendo un altar de no menos de media docena de pantallas, cada una de un tamaño que impone: piensa en algo que ronde las cien pulgadas. Si el sitio no llega a eso, mejor que dejen el salvapantallas puesto, porque ningún aficionado de verdad se sentará allí a ver el partido. Me lo contaron al llegar y me lo he creído viendo cómo se llenan los sitios.

La palabra se adapta a todo. Si estás en una terraza siguiendo el partido inaugural, probablemente lo harás frente a una shashat al-tilfaz, una pantalla de televisión. Si estás en la oficina y tu jefe no mira —es broma— y ves los resúmenes en el móvil, estás mirando una shashat al-hatif, la pantalla del teléfono. Y cuando te acercas a una de las fan zones gigantes que montan por la ciudad, la multitud se arremolina delante de una shashat al-ard, una pantalla de proyección que ocupa media pared. Es un despliegue que te hace sentir dentro del estadio, aunque fuera haga esos cuarenta y pico grados que ya conoces.

ver Mundial en Dubai

De la pantalla a tu día a día: una palabra que ya lo domina todo

Lo más curioso es que shasha se ha colado en la vida cotidiana mucho más allá del fútbol. Es vocabulario de batalla para cualquiera que viva pegado al móvil o al ordenador, que somos todos. Si le pides a un amigo que te pase el pantallazo de una dirección, le estás pidiendo una laqtat shasha, una captura de pantalla. Si estás en una videollamada y te piden que compartas la presentación, te dirán que actives la musharakat al-shasha, la función de compartir pantalla. Y todos los padres del mundo entenderán el concepto del waqt al-shasha, el dichoso tiempo de pantalla que negociamos con los niños como si fuera criptomoneda. Es una palabra que te abre puertas porque demuestra que no eres un turista despistado; estás en la conversación real.

No es solo una palabra de diccionario: es el latido que te guía directo al mejor asiento para vibrar con cada gol.

Pero esto viene del cine, no del fútbol

Y aquí viene lo bueno, lo que me sorprendió cuando llegué y empecé a interesarme por estas cosas. El origen de shasha no tiene nada que ver con píxeles ni con fibra óptica. Resulta que shash, la raíz de la palabra, es un textil: un tejido de muselina, de gasa fina y blanca. Para que te hagas una idea, en los antiguos cines del mundo árabe, las primeras proyecciones se hacían sobre telas pálidas y tensadas. La imagen cobraba vida sobre ese lienzo. Por eso, la palabra que hoy usamos para la pantalla del último iPhone viene, en realidad, del cine de toda la vida. Esa herencia le da un aire casi mágico al entretenimiento; todavía hoy, en el mundo árabe, cuando alguien dice que aparece ala al-shasha —en pantalla—, se interpreta como una señal de que ha triunfado. De hecho, las estrellas de la televisión son los nujoom al-shasha, las estrellas de la pantalla. Y cuando se habla del estado de los medios árabes en general, se usa el término paraguas al-shasha al-Arabiya, la pantalla árabe.

Vivir el fútbol como un local (o casi)

Te soy sincera: al principio, buscar un sitio para ver el fútbol me agobiaba un poco. En España, tiras de bar de toda la vida, y ya está. Aquí la oferta es tan enorme que puedes acabar en un sitio de postal, con vistas al canal, pero con una tele minúscula y sin sonido. Por eso, para un hispanohablante que acaba de llegar, el concepto de shasha es tu mapa del tesoro. Cuando buscas un sitio y preguntas si tienen una buena shasha, no solo estás usando el idioma local; estás haciendo la pregunta correcta a la persona correcta. Es como preguntar por la carta de vinos en un restaurante. Te clasifica. A partir de ahí, descubres los cafés que se llenan de argentinos y de colombianos, los que ponen los partidos de España con sonido ambiente y los shishas estratégicos que te permiten ver dos partidos a la vez. Lo que al principio es un palabro que te suena a ruido se convierte en la llave de una comunidad que vive el deporte con el corazón en la boca, como tú.

Lo que nadie te cuenta antes de llegar es que, en el fondo, la shasha te invita a unir dos mundos: el del espectáculo y la gran producción emiratí, con esa herencia poética del cine de otra época. Es una palabra que nos recuerda que la pantalla, sea del tamaño que sea, no es más que un escenario para nuestras historias, nuestras emociones y, en pleno Mundial, un lugar donde todos los gritos y las lágrimas se canalizan en tiempo real. Y eso, estés donde estés, se agradece.

Para que no te pille por sorpresa

  • Lo más importante: la shasha no es solo un trozo de tecnología; es un concepto social que determina la calidad de la experiencia. Preguntar por ella demuestras que sabes de qué va la fiesta.
  • El error más común: asumir que cualquier café con televisor es un buen sitio. En temporada de Mundial, un sitio sin una buena shasha es una trampa para turistas; los aficionados locales y los expatriados buscan rigurosamente las pulgadas y el sonido.
  • Te recomiendo: el navegador de eventos de Visit Dubai, donde suelen listar las fan zones oficiales con pantallas gigantes, esas shashat al-ard que te dejan sin aliento.
  • Para sonar local: ‘Shasha kbira!’ (¡Qué pantalla tan grande!).

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