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Filantropía en Emiratos: las alfombras tejidas a mano que sostienen escuelas y sanidad

La filantropía en Emiratos tiene una cara que casi nadie te cuenta: alfombras tejidas a mano que pagan clínicas y escuelas. No es una metáfora. Es un modelo de negocio con quince años de rodaje.

Una alfombra que sostiene una clínica

La Iniciativa Fatima bint Mohamed bin Zayed, conocida como FBMI, nació en 2010 con una pregunta incómoda: ¿y si en lugar de donar dinero a una comunidad se le diera la oportunidad de ganárselo? La respuesta fue una empresa social. Se crean productos que la gente quiere comprar, se conecta a las artesanas con mercados internacionales y los beneficios se reinvierten en sanidad, educación y apoyo a comunidades desfavorecidas, según detalla The National.

‘Tenemos que cambiar la forma en que el mundo da dinero’, explica Maywand Jabarkhyl, consejero delegado de FBMI. ‘El beneficio se puede mirar de forma muy positiva; solo hay que asegurarse de que sea ético y responsable’. Y aquí viene lo bueno: la iniciativa no empieza preguntando qué necesita una comunidad, sino qué hueco hay en el mercado. Primero el producto, después el impacto. Suena raro. Funciona.

De la primera clase de Emirates al regalo diplomático

artesanía emiratí

Las mujeres de las comunidades con las que trabaja FBMI se forman para producir con estándares internacionales. Después, esos productos salen al mundo a través de una red comercial: hoteles de cinco estrellas, marcas de lujo y Emirates, entre otros clientes. Los frutos secos y el azafrán de granjas rurales de Afganistán y Tanzania se sirven hoy en la primera clase de la aerolínea. Nada de cestas de caridad. Producto de verdad.

La cosa no acaba en el escaparate. La presidencia emiratí ha encargado alfombras como regalo institucional para dignatarios internacionales: Joe Biden, Nicolas Sarkozy y el papa Francisco, que recibió de manos del presidente Sheikh Mohamed la llamada Alfombra de la Tolerancia, tejida por mujeres afganas. ‘Nos hemos convertido en una herramienta de diplomacia’, admite Jabarkhyl. El soft power también se teje.

Veinticinco mil personas al mes que no salen en la foto

Detrás de la alfombra hay una estructura que casi nunca se cuenta. Desde 2015, FBMI tiene un brazo de asesoría estratégica y cuatro áreas de actividad: sanidad, educación, arte y cultura, y consultoría, además de su cartera de empresas sociales. Su trabajo sanitario llega a más de 25.000 personas cada mes con clínicas maternoinfantiles y campañas de vacunación frente a once enfermedades, incluida la polio.

Nadie compra una alfombra por pena: se compra porque es buena, y el impacto social llega después, casi sin hacer ruido.

Hay más. Proyectos de saneamiento y acceso al agua, apoyo a agricultores tanzanos y educación digital para niñas afganas que no pueden ir a la escuela. FBMI ha dado charlas en Davos, trabaja con Unicef y ACNUR y ha firmado alfombras de edición limitada con Zaha Hadid, Norma Kamali, Roudha Al Shamsi y Nada Debs. La escala es enorme; la letra pequeña, también.

Lo que aprendí mirando una alfombra de cerca

La primera vez que vi una de estas piezas no estaba en una tienda de lujo, sino en una feria de artesanía en Dubái, con la etiqueta escrita a mano y una foto de las tejedoras pegada al lado. Me pasó algo muy de aquí: miré el precio, hice la conversión a euros y me eché para atrás. Luego leí la historia y me sentí ridícula. En España estamos acostumbrados a comprar artesanía como recuerdo de un viaje, casi como un objeto decorativo; aquí la pieza arrastra una cadena entera de personas detrás.

Lo hablé con otras familias hispanohablantes y coincidimos en lo mismo: cuesta pagar por artesanía cuando en casa tienes una alfombra comprada en rebajas que te ha durado diez años. Eso sí, también coincidimos en otra cosa. Cuando vuelves a España de vacaciones y quieres llevar un regalo que no sea un imán de nevera, este tipo de piezas resuelven el problema. Y no te voy a engañar: el envoltorio, con la historia de quién la tejió, vale tanto como la alfombra.

El matiz honesto es que el modelo no elimina la distancia. Las tejedoras están lejos, el precio final incluye intermediarios y la tentación de sentirte mejor por haber comprado es real. Pero hay una diferencia de fondo con la caridad clásica: aquí alguien cobra por su trabajo, con estándares de exportación, y ese dinero vuelve a la comunidad en forma de clínica o de escuela. En una región donde la beneficencia es un pilar cultural, ese giro —de dar a comprar— es una revolución silenciosa.

El Talli y el Al-Sadu: la memoria que se anuda

Con el tiempo, el proyecto ha ido hacia algo más delicado: recuperar técnicas locales. FBMI trabaja en el cruce entre el Talli y el Al-Sadu, dos tradiciones de tejido emiratíes inscritas en la lista del patrimonio cultural inmaterial de la Unesco, y las alfombras anudadas a mano. También quiere revivir el procesado tradicional de la lana de cabra y de camello en la región, un oficio que se ha ido apagando. En Abu Dabi desarrolla un centro dedicado a las artes, la artesanía, el patrimonio y el diseño.

De ahí nace Intimaa: Sacred Threads, una iniciativa que coincide con el Año de la Familia. Diez residentes y artistas de los Emiratos —entre ellas Shamsa Al Omaira, Dhabia Al Qubaisi, Azza Al Sherif y Noura Al Serkal— diseñan alfombras que después tejerán mujeres en Afganistán. Las piezas se expondrán en la Fundación Cultural de Abu Dabi y saldrán a a subasta en diciembre.

Lo que viene (y por qué te interesa)

El calendario se anima. En noviembre, FBMI estará en Frieze Abu Dabi, una cita que Jabarkhyl describe como enorme para la organización. La idea es llevar el modelo comercial a otras 50 regiones, con estudios ya en marcha en Kenia, Senegal y Kurdistán. Y la cifra que lo sostiene todo: una facturación de nueve cifras este año —por encima de los 100 millones— que financia sus programas de sanidad, educación e investigación.

Para quien vive aquí, la parte práctica es sencilla: si te interesa la artesanía emiratí de verdad, sigue el rastro de estas exposiciones. La muestra en la Fundación Cultural de Abu Dabi y la subasta de diciembre son la puerta de entrada más directa a un circuito que hasta ahora se movía en hoteles y regalos oficiales. Ve con tiempo, mira las etiquetas y pregunta quién tejió cada pieza. Casi siempre hay una historia detrás.

Yo me quedo con una imagen: la foto de las tejedoras pegada con cinta a la etiqueta, arrugada de tanto manoseo. Al final, la filantropía en Emiratos no va de cheques grandes, va de hilos que sostienen algo. Y eso, cuando llevas unos años aquí, se reconoce al primer tacto.

Para que no te pille por sorpresa

  • Lo más importante: la filantropía en Emiratos no siempre pasa por donar, sino por comprar producto hecho aquí o por talleres vinculados a programas sociales; el dinero vuelve a la comunidad en forma de clínica, escuela o formación.
  • El error más común: regatear en una pieza de artesanía con historia social como si fuera un souq cualquiera; aquí el precio sostiene una cadena de trabajo y el regateo agresivo sienta mal.
  • Te recomiendo: apuntarte a las exposiciones y subastas de artesanía en la Fundación Cultural de Abu Dabi y seguir la programación de ferias de diseño como Frieze Abu Dabi, donde estas piezas salen del circuito privado.
  • Para sonar local: ‘yalla’ (vamos, adelante; se usa para arrancar cualquier cosa, desde una reunión hasta una salida al mercado).

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