Las tumbas antiguas de Emiratos no están en un museo. Están en colinas que se ven desde la carretera, en llanuras que cruzas sin mirar. Un proyecto francés acaba de cartografiar decenas de miles de ellas en el país, Omán y Arabia Saudí, y lo que ha encontrado cambia bastante la idea que teníamos de quien vivió aquí antes del Islam.
Lo que hay bajo la arena cuando sales de Dubái
Sales de Dubái hacia el este y, pasado el aeropuerto, el paisaje deja de ser una postal. Aparecen dunas rojizas, algún wadi (el cauce seco de un río, de esos que aquí solo llevan agua tres días al año) y cerros pelados que parecen no tener nada. En uno de ellos, en la zona de Jebel Hafit, hay piedras apiladas formando círculos que llevan ahí más de cuatro mil años. Casi nadie levanta la vista del móvil.
Eso es lo primero que aprendes viviendo aquí: el patrimonio no siempre está detrás de un cristal. A veces está al borde de la carretera, sin cartel, sin taquilla, sin audioguía. Y eso, que en España nos costaría entender, aquí tiene su encanto. La diferencia es que ahora sabemos un poco mejor qué estamos mirando.
Qué ha cartografiado Arabiancairns (y por qué no es solo un censo de tumbas)
El proyecto se llama Arabiancairns y arrancó en 2022 con financiación de la Agencia Nacional de Investigación francesa, la ANR. Desde entonces ha documentado tumbas en cumbres, terrazas y llanuras a lo largo de miles de kilómetros cuadrados en Emiratos Árabes Unidos, Omán y Arabia Saudí. La financiación inicial de cuatro años se ha renovado hasta 2027 y ya hay más trabajo de campo previsto, según ha informado The National.

La zona que mejor han medido está alrededor de Bisya, en el centro de Omán: unos 4.700 kilómetros cuadrados en los que se han cartografiado 5.500 tumbas, confirmadas a pie y con imágenes de satélite. El periodo que estudian va del 5500 a. C. al 300 d. C., o sea, la Edad del Bronce y la Edad del Hierro de la península arábiga. Ahí es nada.
Aquí la arqueología no está detrás de un cristal: está en el cerro de al lado, esperando que alguien levante la vista del móvil.
Los que están enterrados ahí no eran solo reyes
Una de las conclusiones más interesantes la firma Olivia Munoz, investigadora del CNRS en el laboratorio Trajectories y de la Universidad París 1 Panthéon-Sorbonne. En Bisya, cuenta, parece que se enterraba a buena parte de la población y no solo a las élites: no se conoce otra forma de enterramiento de la misma época. En las tumbas excavadas hay restos de personas de edades muy distintas, niños incluidos.
En Dhabtiyah, en el este de Arabia Saudí, han visto algo parecido con un detalle que impresiona: episodios de enterramiento dentro de la misma tumba separados por casi mil años. La arquitectura funeraria se repite por media Arabia, aunque eso no significa que aquellas comunidades compartieran un poder político común. Munoz lo dice claro: no se puede saber qué significaban esos rasgos para quienes los construyeron.
También hay límites, y conviene decirlos. Sin escritura, reconstruir creencias simbólicas o la organización política de hace milenios es casi misión imposible. Lo que los arqueólogos sí pueden leer es la vida material: qué comían, de qué se rodeaban, qué colocaban junto a sus muertos. Con eso, la verdad, ya se cuenta bastante.
El día que aparqué al lado de una tumba sin saberlo
Me pasó en una escapada a Al Ain, con una amiga que había venido de Valencia. Subimos a la montaña a ver el atardecer, más pendientes del termo del té que del paisaje. Al bajar, ella señaló unas piedras y preguntó: ‘¿eso es una tumba?’. Lo era. Llevábamos dos horas al lado de un yacimiento de la Edad del Bronce y ni lo habíamos registrado.
Esa es la verdad incómoda de este país: pasamos por delante de la historia a diario y no la vemos. En España crecimos con dólmenes como los de Antequera o yacimientos como Los Millares explicados en el colegio, con vallas, paneles y visita casi obligatoria. Aquí muchas tumbas no tienen ni un cartel. No es que no importen: es que hay tantas que los investigadores todavía las están contando.
Y luego está el factor humano, el que nadie te cuenta antes de llegar. Cuando llevas años aquí, ves que la comunidad hispanohablante hace su propio camino con este patrimonio: escapadas de fin de semana a Al Ain, familias que llevan a los niños a ver las tumbas de Hili y vuelven sorprendidas porque sus hijos estudian en el colegio la historia emiratí con un detalle que a ellos no les enseñaron nunca. No te voy a engañar: da un poco de envidia.
Conchas del golfo y cerámica de Mesopotamia: así se movía el comercio
En una de las tumbas de Bisya apareció un diente de tiburón junto a cientos de cuentas de concha marina. Es la prueba más bonita de contacto con la costa. También hay cerámica importada de Mesopotamia, Irán, y Baluchistán, una región histórica que hoy ocupa partes de Irán, Afganistán y Pakistán. O sea: hace miles de años ya existían redes de intercambio que cruzaban medio mundo conocido.
Lo que salía de aquí era, sobre todo, cobre: la península de Omán fue un productor importante durante la Edad del Bronce. También pescado seco o salado, pieles, dátiles, adornos de concha y piedra para vasijas. Y un detalle que me encanta: el dromedario todavía no estaba domesticado, así que las mercancías viajaban a lomo de personas, burros y vacuno. Nada de caravanas de camellos, como uno imagina siempre.
Ese es el tipo de dato que te cambia la película mental. Cuando el proyecto termine, habrá una base de datos pública con la ubicación precisa de los monumentos funerarios, y entonces cualquiera podrá mirar un cerro desde la carretera y saber exactamente qué está viendo. Mientras tanto, te propongo algo más simple: la próxima vez que subas al Jebel Hafit, llega media hora antes del atardecer. Siéntate en una roca, mira las piedras apiladas y piensa que quien las puso allí estaba, como tú, a la orilla de algo enorme que no terminaba de entender.
Para que no te pille por sorpresa
- Lo más importante: en Bisya no se enterraba solo a las élites, sino a buena parte de la población, niños incluidos. La península arábiga tiene una historia profundísima mucho antes del petróleo y de los rascacielos.
- El error más común: dar por hecho que en Emiratos ‘no hay historia’ y pasar por delante de yacimientos de miles de años sin verlos. Mira las colinas: muchas están llenas de piedras apiladas a propósito.
- Te recomiendo: la zona de tumbas de Jebel Hafit, en Al Ain, al atardecer y con agua encima. No hay taquilla ni audioguía, así que ve con la lección aprendida.
- Para sonar local: ‘jebel‘ (montaña, en árabe). Si dices ‘vamos al jebel’, suena tan natural como decir Al Ain o Bab al Shams.

