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Cuarta medalla asiática y un sueño olímpico: así impulsa Sheikha Latifa el deporte femenino en Emiratos

El deporte femenino en Emiratos tiene un nombre que lleva veinte años saltando obstáculos, y no lo digo en sentido figurado. Sheikha Latifa bint Ahmed acaba de subirse a un podio asiático por cuarta vez. A sus 41 años, todavía mira hacia arriba.

A lomos de su semental Cornet XL, la amazona emiratí (la jinete) ayudó a los EAU a colgarse la plata por equipos en el salto de los Juegos Asiáticos de Aichi-Nagoya, en Japón. Era su cuarta medalla en el evento continental, veinte años después de la primera, conseguida en Doha 2006. Dos décadas entre podios no son suerte: son una vida entera encima de una silla.

De Doha 2006 a Aichi-Nagoya: veinte años en el podio

Cuando le preguntaron si alguna vez imaginó que seguiría ganando medallas dos décadas después, su respuesta tuvo algo de encogimiento de hombros. ‘Creo que sí. Creo que lo llevamos en el ADN’, contó desde su base en Alemania. Para ella, un jinete no se plantea parar: siempre hay algo que hacer con un caballo.

Hay un detalle que explica mejor que cualquier palmarés de qué estamos hablando. La primera medalla la ganó con un caballo de ocho años, jovencísimo para un campeonato así. A Cornet XL lo compró también con siete. Tres de los caballos con los que ha competido en los Juegos Asiáticos los ha criado y entrenado ella desde jóvenes, con todo lo que eso implica de paciencia, caídas y días en los que nada sale.

Cornet XL, el caballo que le devolvió el hambre

hípica Dubái

Con Cornet XL no hubo fichaje, hubo corazonada. ‘Tengo mucha confianza en él y creí desde el día que lo compré que estaba hecho para esto’, explicó. Es un caballo grande, fuerte y sensible a la vez, y ella es menuda. Encontrar el punto en el que el caballo está contento pero sigue escuchando le llevó tiempo. Ese pulso, dice, es lo que hace que esto nunca aburra.

Este verano, con todo preparado, el destino le dio una segunda oportunidad. Dos semanas antes del Mundial de Deportes Ecuestres (World Equestrian Games) su compañero Abdullah Al Marri se lesionó y quedó un hueco en el equipo de los EAU. Ella llevaba meses en la lista larga, eligiendo pruebas y construyendo al caballo. Cuando sonó el teléfono, ya estaba lista. Era su vuelta al Mundial desde 2010.

Hay victorias que se celebran en un podio y otras que se cocinan durante años en una cuadra, a las cinco de la mañana, sin testigos.

Lo que se ve desde las gradas un viernes por la mañana

Los viernes por la mañana, en las gradas del club hípico de Dubái, se escucha más español de lo que uno espera. Mozos de cuadra argentinos, veterinarias españolas, jinetes mexicanos y colombianos, entrenadores de salto que llevan quince años en el Golfo. La comunidad hispanohablante del mundo del caballo en los EAU es mucho más grande de lo que parece desde fuera, y casi nunca sale en las fotos.

Conozco a varias personas que llegaron una temporada y se quedaron diez años. Lo que cuentan no es el glamour de los concursos, sino las rutinas: montar a las cinco y media de la mañana en junio, cuando el termómetro ya roza los 40 grados, y tener el caballo recogido antes de que el sol convierta la pista en una sartén. Aquí la hípica funciona por clubes, con socios y cuotas, y eso la hace distinta a la España rural en la que muchos aprendimos a montar en la finca de un familiar.

La verdad incómoda es que este es un deporte caro en cualquier parte del mundo, y aquí también lo es. Para una familia recién llegada desde Madrid o Bogotá, la hípica no entra en el presupuesto del primer año: primero vienen el colegio, el alquiler, y el coche. La diferencia es que en los EAU el caballo forma parte de la identidad nacional —basta ver la pasión por el endurance, las carreras de resistencia— y eso hace que haya más puertas abiertas de las que uno supone.

No es una excepción: son cinco

Sheikha Latifa fue una de las cinco mujeres emiratíes que subieron al podio en estos Juegos Asiáticos. Lo cuenta sin ponerse medallas, casi incómoda con el papel de pionera. ‘Me inspiran los demás atletas, hombres y mujeres’, dice. Y añade una idea que resume bien el país: cualquier deporte que suba la bandera de los EAU la hace sentir parte de algo.

Ella sabe de primera mano lo que cuesta abrir camino. Fue la primera mujer emiratí en competir en unos Juegos Olímpicos, en Pekín 2008, junto a Sheikha Maitha bint Mohammed bin Rashid, en la disciplina del salto. De aquella experiencia recuerda sobre todo el susto. ‘Todo era nuevo y estaba muy nerviosa’, admite. Tenía un caballo de diez años, joven para ese nivel, y ninguna certeza.

El objetivo ahora se llama Juegos Olímpicos

Ahora tiene un plan distinto. Quiere clasificar a Cornet XL para los próximos Juegos Olímpicos, y lo dice con la calma de quien ya ha estado allí: ‘Vamos a intentarlo, Inshallah‘ (si Dios quiere). Para eso cuenta con un aliado clave, el saudí Ramzy Al Duhami, bronce por equipos en Londres 2012 y su entrenador desde hace años. Su método es simple y contundente: primero el caballo, siempre.

Habla de los Juegos de Los Ángeles 2028 sin fechas y sin promesas, porque en el deporte del caballo nada depende solo de una persona. Mientras tanto, sigue en Alemania, montando cada mañana, y vuelve a los EAU cuando el calendario lo permite. Veinte años después, la niña que no recuerda haberse subido por primera vez a un caballo sigue haciendo lo único que sabe hacer.

Al final, esta historia no va solo de medallas. Va de un país que en dos décadas ha pasado de llevar a sus primeras mujeres a unos Juegos Olímpicos a ver a cinco medallistas emiratíes en unos Juegos Asiáticos, y de una amazona que, a los 41, sigue discutiendo con su caballo en voz baja hasta que los dos entienden lo mismo. Eso, aquí y en cualquier sitio, es lo que separa a una competidora de una pionera.

Para que no te pille por sorpresa

  • Lo más importante: el salto ecuestre femenino de los EAU ya no es una anécdota. Sheikha Latifa bint Ahmed acumula cuatro medallas en Juegos Asiáticos (Doha 2006, Guangzhou 2010 y Aichi-Nagoya 2026) y aspira a volver a unos Juegos Olímpicos.
  • El error más común: pensar que la hípica aquí es un pasatiempo de fin de semana para expatriados. Es una disciplina de clubes, con cuotas, entrenadores y calendario internacional; conviene informarse bien antes de prometerle un caballo a un niño.
  • Te recomiendo: si te interesa el mundo del caballo, empieza por el Dubai Polo & Equestrian Club: gradas abiertas, ambiente familiar y una forma sencilla de conocer a la comunidad ecuestre local.
  • Para sonar local: ‘Inshallah’ (si Dios quiere). Se usa para casi todo lo que está por venir, y en boca de un jinete suena a plan.

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