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La comunidad del teatro en Dubái despide a Eric Dury, 25 años sobre las tablas de Emiratos

El teatro en Dubái ha amanecido este domingo con una noticia que nadie quería dar: ha muerto Eric Dury.

Tenía más de 25 años sobre las tablas de los Emiratos y una legión de compañeros que hoy le despiden. La noticia la dio a conocer Alex Broun, director del festival Short+Sweet Dubai y una de las figuras de referencia de la escena teatral emiratí, en un comunicado recogido por The National. Ni su edad ni la causa del fallecimiento se han hecho públicas.

El actor que llegó en 1999 y ya no se bajó del escenario

Dury nació en Reino Unido, pero antes de aterrizar en los Emiratos ya llevaba media vida sobre un escenario. En Malasia actuaba con el nombre de Eric Roslee, y los archivos del MY Art Memory Project, el gran archivo de las artes escénicas malasias, lo sitúan en Kuala Lumpur al menos desde 1987, con The Tea House of the August Moon. En 1999, el mismo año en que se instaló en Dubái, aparecía ya entre el profesorado de la Akademi Seni Kebangsaan, la academia nacional de artes de Malasia, hoy conocida como Aswara.

En Dubái su casa fue el Dubai Drama Group, una de las compañías independientes más veteranas de la ciudad. En 2009 dio vida al empresario Sir Chiffley Lockhart en Gasping, de Ben Elton, sobre el escenario del Ductac, y ese mismo año se le vio como cirujano en City of Life, la película de Ali F Mostafa rodada aquí. Después llegaron el Jugador de Rosencrantz y Guildenstern han muerto, de Tom Stoppard, y el Chubukov de La petición, de Chéjov, ambas en 2014; Max en The Homecoming, de Harold Pinter, en 2016; y en 2017 Polonio, el Jugador y el Sepulturero en el Hamlet de la compañía.

Nunca se quedó en una sola compañía. Fue el Conde de Guiche en el Cyrano de Bergerac de Raw Theatre, el traficante de armas de The Al-Hamlet Summit, de Danu Dubai Theatre, y el Padre en el montaje online de Ashputtel, de Bark at a Crow. En 2021 apareció como Steve en Just Like That, una comedia escrita aquí sobre los vecinos de JLT, ese barrio de torres junto al lago donde vive media comunidad internacional de Dubái.

Hay artistas que llenan teatros y artistas que sostienen la comunidad que hace posibles esos teatros. Eric Dury era de los segundos.

Su nombre está pegado también al festival Short+Sweet Dubai, la cita anual de obras de diez minutos que se ha convertido en la puerta de entrada al teatro para cientos de residentes. Primero actuó; después fue jurado. Ganó el premio al Mejor Actor en 2016 por su Mr Hollins en New Year’s Eve y quedó subcampeón al año siguiente por su Eddie en The Coming Out.

En 2025, la primera edición de los DXB Theatre Awards le entregó el premio a la Trayectoria. Aquellos galardones nacieron con una idea sencilla: que el trabajo de las compañías independientes dejara de ser invisible. Hoy esa escena se ha quedado sin uno de sus nombres más queridos.

Una escena pequeña en la que todo el mundo se conoce

vida cultural Dubái

Para quien llega de fuera, el teatro independiente de Dubái es una sorpresa. Lo que veo a mi alrededor es una escena sostenida a pulso: compañías formadas por gente que ensaya después del trabajo, actores que se pagan su propio transporte y festivales que se levantan con voluntarios. Nada de grandes subvenciones, nada de temporadas de abono, y aun así un nivel que desconcierta a quien viene de una cartelera mucho más grande.

La lengua franca de esos montajes es el inglés, y eso marca la diferencia para un hispanohablante. Aquí no vas a encontrar una cartelera en español como la de Madrid o Ciudad de México; lo que sí hay es una comunidad enorme de gente acostumbrada a montar las cosas desde cero, y esa gente es la que llena los castings abiertos.

Y hay un detalle que solo se entiende cuando vives aquí: en una ciudad donde casi nadie es de aquí, las compañías hacen la función que en España hace el barrio. Es el sitio donde conoces a alguien sin hablar de trabajo y sin tarjetas de visita. Durante unas semanas, un puñado de desconocidos se convierte en algo parecido, a una familia.

Lo que cuesta despedirse en una ciudad donde nadie es de aquí

Cuando llegué a Dubái, uno de mis primeros descubrimientos fue que esta ciudad tiene una vida cultural que no sale en las postales. Fui a ver una de aquellas obras de diez minutos y me encontré una sala llena, con gente de medio mundo apretada en butacas de centro comunitario, aplaudiendo a actores que habían salido de la oficina dos horas antes. Ese público se entrega igual que el de cualquier teatro de Madrid.

Aquí, sin embargo, todo cuesta un poco más. El idioma, para empezar: hacer teatro en tu segunda lengua da un vértigo que no se cuenta en las entrevistas. Y está la otra cara, la que nadie pone en las guías bonitas: la gente se va. Dubái es una ciudad de llegadas y de despedidas. Cada verano se marcha alguien que era el alma del grupo, y el grupo se recompone. Esta vez no se va a otro país. Esta vez se va del todo, y eso la comunidad lo nota distinto.

Lo que más me impresiona del teatro en Dubái es lo poco que se parece a un negocio. Nadie se hace rico aquí subiéndose a un escenario. Se hace por otra cosa: por esa mezcla rara de amistad, disciplina y ganas de contar una historia que en esta ciudad vale doble, porque aquí todo el mundo tiene una mudanza que contar.

Lo que dejó fuera del escenario: aula, familia y Ramadán

Dury no solo actuaba. Fue profesor de inglés en la Universidad de Sharjah y después en Zayed University. ‘Eric formaba parte del tejido de esta comunidad: un actor que siguió actuando durante décadas, un educador que compartió su conocimiento con generaciones de estudiantes y un apoyo constante del teatro’, decía el comunicado con el que la escena teatral se despidió de él.

En 2022, en pleno Ramadán, habló con The National sobre lo que aquel mes significaba en su casa. ‘Hay un lado espiritual en comer juntos en familia tras ayunar’, contó. ‘Da sentido a nuestras vidas y empuja a mi mujer y a mí a ser mejores personas, porque tenemos que dar ejemplo a nuestra hija.’

Dury, conocido también como Roslee Abdullah, deja a su mujer, Shereen, y a su hija, Tash. Su janazah —la oración fúnebre del Islam, breve, sin discursos y en comunidad— estaba prevista para hoy mismo, domingo 4 de octubre, después de la oración del Asr, en la mezquita del cementerio de Al Qusais.

Queda el eco de un hombre que nunca fue una estrella de cine y que, aun así, aparecía en las conversaciones de medio Dubái. Si algún día te cruzas con una de esas compañías que ensayan en centros comunitarios y salas prestadas, para y compra una entrada. Mira cómo un grupo de desconocidos se convierte, en seis semanas, en la gente con la que cenas los viernes. Ahí sigue estando Eric Dury, y ahí sigue estando la mejor versión de esta ciudad.

Para que no te pille por sorpresa

  • Lo más importante: Dubái tiene una escena teatral independiente mucho más activa de lo que sugiere su postal de rascacielos, y la puerta de entrada más sencilla es el festival anual de obras de diez minutos Short+Sweet Dubai.
  • El error más común: pensar que aquí la cultura se acaba en los grandes espectáculos de hoteles y centros comerciales. El teatro de verdad se hace en salas pequeñas, con entradas baratas y actores que ensayan al salir de la oficina.
  • Te recomiendo: seguir la agenda cultural de Visit Dubai y presentarte a los castings abiertos de las compañías independientes; casi todas anuncian sus pruebas en sus propias redes.
  • Para sonar local: ‘yalla’ (vamos, venga, date prisa). La oirás cien veces al día, también en un camerino a diez minutos del estreno.

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