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Gran premio Big Ticket Emiratos: la expat de Ajman que ganó 20 millones de dirhams

El gran premio del Big Ticket en los Emiratos cambió la vida de Bernadetta Azucena, una expatriada de Ajman. La noche del sorteo, su marido la despertó a la una de la madrugada para darle la noticia: 20 millones de dírhams y, con ellos, una vida entera por reordenar.

La noche en que todo cambió (a la una de la madrugada)

Fue un sábado por la noche cuando el teléfono de su marido, Noriel Azucena, empezó a sonar con la confirmación del sorteo. Bernadetta dormía en Filipinas, a donde había viajado para operarse de una mano, y él la despertó a la una de la madrugada con una instrucción muy concreta: que se sentara y respirara hondo.

Lo primero que pensó, según contó después, es que seguía soñando. La pareja llevaba desde 2017 comprando boletos junto a un grupo de amigos, y cada vez elegían uno bajo el nombre de un miembro distinto. Esta vez, el boleto premiado llevaba su nombre.

Quién es Bernadetta y de dónde viene su suerte

sorteo millonario EAU

Bernadetta tiene 42 años, es la mayor de tres hermanos y creció con una madre que la sacó adelante sola, trabajando para pagarles los estudios. Antes de emigrar pasó ocho años en un banco; después se casó con Noriel, que ya estaba en los Emiratos, y él la animó a dar el salto. Vive aquí desde 2016.

Hasta hace poco trabajaba como secretaria, pero su contrato había terminado y se había quedado sin empleo. Su madre, contó, estaba preocupada por su futuro. Ahora esa preocupación se ha transformado en otra cosa: 20 millones de dírhams que, dice, dedicará primero a quitarse las deudas de encima.

Cuando emigras, toda tu vida cabe en una maleta y en una deuda que pagas desde lejos. Y luego hay noches que lo cambian todo.

Ajman, la comunidad extranjera y lo que esta historia cuenta de la vida real

Ajman es el más pequeño de los siete emiratos y, para muchos, también el más asequible. Allí viven familias enteras que cada mañana se suben a un autobús o a un coche compartido para llegar a Dubái o a Sharjah, porque el alquiler aprieta y cada dírham cuenta. Muchos de esos vecinos repiten la misma rutina desde hace años: salir antes del amanecer, volver de noche y encontrarse la ciudad ya en silencio.

Esa es la realidad de buena parte de la comunidad extranjera en los Emiratos: no la del rascacielos, sino la del contrato de dos años, la remesa que se manda a casa cada mes y la videollamada con los hijos a la hora del recreo. No es una vida triste, ni mucho menos, pero sí una vida de renuncias pequeñas y diarias que solo entiende quien la vive. La historia de Bernadetta, con su final de película, es la excepción; su punto de partida, en cambio, es el de casi todos.

Y en ese retrato también estamos los hispanohablantes. Españoles, venezolanos, colombianos, mexicanos y argentinos comparten barrios, colegios y cafeterías con filipinos, indios o egipcios, y cargan con lo mismo: la distancia, el idioma del trabajo y unas ganas enormes de que la vida salga bien. Cuando alguien de esta gran familia expat gana el Big Ticket, lo celebramos todos un poco desde la barrera.

La comunidad hispanohablante en los Emiratos se mueve sobre todo por grupos de WhatsApp y alrededor de los restaurantes latinoamericanos de Dubái, donde el acento cambia de país en país en cada mesa. En los emiratos del norte, como Ajman, la colonia es más pequeña, pero la gente se conoce antes y se ayuda más rápido.

Lo que nadie te cuenta cuando emigras (y cuando ganas)

Hay una parte de esta historia que no sale en los titulares. La de la mano lesionada en un accidente de carretera, que le impedía incluso escribir, y la decisión de volver a Filipinas para tratarse porque en los Emiratos no tenía a nadie que pudiera cuidarla. Eso también es la vida expat: la logística del afecto, el cálculo constante de quién te ayuda si algo va mal.

Por lo que veo a mi alrededor desde hace años, lo que más cuesta no es el calor ni el papeleo. Es acostumbrarte a que tu red de apoyo esté al otro lado del mundo y a soplar las velas por videollamada. En casa, una mala racha se lleva con la familia cerca; aquí se lleva con un móvil, mucha paciencia y un grupo de amigas que acaba funcionando como familia postiza. Cuando llega un golpe de suerte así, casi nadie piensa en un coche nuevo: se piensa en la hipoteca de casa, en los préstamos y en asegurar el futuro de los hijos. Lo que Bernadetta quiere hacer, con su hija de 15 años en el punto de mira, es exactamente lo que haría cualquiera que lleva una década mandando dinero a casa.

La familia ha decidido retrasar la operación y, para sorpresa de muchos, sigue comprando boletos del Big Ticket. ‘Es el momento perfecto de Dios’, dijo Bernadetta. No hace falta compartir su fe para entender el alivio: el de una mujer que, después de años trabajando lejos de los suyos, puede por fin respirar.

Para que no te pille por sorpresa

  • Lo más importante: El Big Ticket es uno de los sorteos más populares de los Emiratos y aquí es muy habitual comprar los boletos en grupo, aunque cada boleto va a nombre de una sola persona.
  • El error más común: Dar por hecho que el premio se reparte solo entre los amigos que pusieron dinero; quien figura en el boleto es quien cobra y luego reparte según lo acordado.
  • Te recomiendo: Si vives en un emirato del norte como Ajman y trabajas en Dubái, presupuesta bien el transporte diario y comparte coche cuando puedas; ahorrar cada mes es el pequeño premio que sí controlas.
  • Para sonar local: ‘Yalla’ (vamos, anímate), la palabra que arranca cualquier plan en los Emiratos.

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