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Bodas de lujo en Abu Dabi: el Emirates Palace que Jai Sharma convirtió en el Lago de Como

Hay bodas de lujo en Abu Dabi que no se recuerdan por las flores, sino por lo que te hacen sentir. La que diseñó Jai Sharma en el Emirates Palace a principios de año fue exactamente eso: una historia que convirtió un palacio abrumador en un jardín italiano a la orilla del Lago de Como. Lo que ocurrió dentro de aquella celebración explica mejor que cualquier manual hacia dónde va el sector en los Emiratos.

Una boda india en el Emirates Palace que no competía con el palacio

La novia, Shalina Jhalani, no quería luchar contra la grandeza del hotel. Quería recrear la suavidad del lugar donde su pareja le propuso matrimonio: el Lago de Como. Y se lo pidió a Sharma con una claridad que muchos planners agradecerían: nada de competir con el palacio, convertirlo en telón de fondo. Ella quería la delicadeza, no la ostentación.

Sharma estudió los jardines de un château italiano y trasladó su geometría formal al montaje. Los invitados se sentaron siguiendo esa cuadrícula de setos y caminos; la cena fue un pícnic relajado al aire libre. Nada de luchar contra la arquitectura. Aprovechar cada rincón del espacio y dejar que la grandeza hable bajito.

El momento más esperado de una boda india es la varmala (el intercambio de guirnaldas con el que los novios quedan oficialmente casados). Sharma colocó a la pareja en extremos opuestos y la hizo avanzar hacia una pantalla. Al abrirse, aparecieron tres arcos cubiertos de follaje que replicaban la pedida. En cada mesa había postales con la foto original del Lago de Como. La gente lloró.

Y aquí va lo que me parece más potente: nadie necesitó que el palacio se rindiera. El Emirates Palace siguió siendo él mismo, pero al servicio de una historia íntima. Eso es justo lo que distingue a un diseñador de experiencias de un montador de escenarios.

La filosofía de Sharma: el lujo no está en la decoración

Emirates Palace

Sharma lo resume con una frase que a mí me descoloca para bien: si al final solo recuerdas la decoración, el diseñador no ha hecho su trabajo. Para él, un evento funciona cuando deja una historia, un sentimiento o un detalle que permanece después de que las flores se marchiten. El éxito no se toca. Se recuerda.

El lujo, en los Emiratos, no es cuánto gastas: es qué recuerdas tres semanas después, cuando ya nadie habla del montaje.

Él insiste: una experiencia inmersiva no es una sala con pantallas LED en Londres. Es conseguir el sentimiento o la historia correcta del entorno donde estás. Por eso su empresa, Envelop, no vende decoración. Vende recuerdos a través de los cinco sentidos: luz, comida, perfume, música y hasta el uniforme del personal.

Sharma sabe que su industria es una maratón, no un sprint. Trabaja bajo una presión altísima: un evento se idea, se monta y se desmonta en semanas. No hay años de proyecto como en la arquitectura o el interiorismo. Por eso su forma de trabajar no se parece a la de un decorador convencional.

Y aun así, el diseñador de eventos sigue peleando por reconocimiento. ‘Los arquitectos y los interioristas tienen mucho valor intelectual’, dice. ‘A nosotros todavía nos miran como si solo pusiéramos flores en las mesas. Y no es verdad.’ Porque hoy se crean entornos desde espacios vacíos, no simples arreglos con cojines y velas.

De Silicon Valley a las bodas de lujo: el giro que nadie esperaba

La trayectoria de Sharma no es la típica de un wedding planner. Estudió ingeniería en el Birla Institute of Technology and Science de Pilani, hizo un doble máster en Columbia en 2016 y trabajó en Intel y Apple en California. Hasta que una conversación con su abuelo lo cambió todo.

Su abuelo le dijo que no sabía cuántos años le quedaban. Sharma hizo las maletas y volvió a India un mes después. Sin plan claro, regresó a lo que siempre se le había dado bien: crear experiencias. En Columbia le llamaban ‘el chico indio que montaba las mejores fiestas’. No sabía que existía el término experience design. Hoy es su vida.

Lo que nadie te cuenta de las bodas de lujo en los Emiratos

Aquí es donde yo conecto con esta historia. Quien vive en los Emiratos conoce de sobra las bodas indias de lujo: llenan hoteles como el Emirates Palace durante varios días y mueven a cientos de invitados. Para un español o un mexicano recién llegado, una sola tarde de boda se queda corta; aquí lo normal son varios días de celebraciones con mehndi (la noche de henna), sangeet (la velada musical), y la ceremonia principal. Te lo digo por experiencia: el primer fin de semana de boda india agota, pero también fascina.

Pero el presupuesto no lo es todo. Sharma lo demostró en una boda íntima de solo veinte invitados. La historia era el perfume favorito de la novia, que se rompió durante un viaje de esquí a Japón y que su pareja rastreó hasta encontrarlo en Londres. Para la cena, transformó el relato en kintsugi, el arte japonés de reparar cerámica rota con oro. Los platos se rompieron y se repararon a propósito. La estrella era la historia, no el menú.

Esa idea de que el dinero no es proporcional a una gran experiencia explica la forma selectiva de trabajar de Envelop. Con una oficina nueva en Dubái, Sharma limita los proyectos de cada año para no diluir el trabajo. Crecer por crecer, dice, lo volvería bonito pero vacío.

Una moneda en una fuente: pequeñas decisiones que dejan memoria

En el restaurante Trevi de Jaipur, Sharma inventó la historia de un maharajá que viaja a a Italia y vuelve a casa para hacer un pícnic en sus jardines. Esa narrativa define interiores, jardinería y menú. Al pagar, cada cliente recibe una moneda para lanzarla a la fuente, igual que en la Roma original. Es un gesto mínimo, pero convierte el pago en un recuerdo.

Sharma vuelve a la pregunta que define su trabajo: si tres semanas después de un evento te pregunto qué recuerdas primero, ¿no es eso la vibra? Una boda, un restaurante o el lanzamiento de una marca son, para él, variaciones de lo mismo: diseñar lo que un ser humano siente en un entorno. La autenticidad, dice, no es nostalgia: es coherencia con la historia que uno quiere contar. Todo es diseño de experiencias.

Quizá por eso volvemos a lo artesanal, a lo hecho a mano, a los detalles con historia. Si algo nos ha enseñado la boda del Emirates Palace es que la autenticidad golpea más fuerte. Y en una ciudad que tiende al exceso, recordar lo esencial es el verdadero lujo.

Para que no te pille por sorpresa

  • Lo más importante: En una boda de lujo en los Emiratos, el presupuesto no garantiza emoción; una historia bien contada y un detalle auténtico pesan más que la decoración.
  • El error más común: Pensar que una boda de lujo es solo la fiesta. El hispanohablante recién llegado suele olvidar que las celebraciones indias pueden durar varios días y piden códigos de vestimenta distintos.
  • Te recomiendo: Si te invitan a una boda india, presta atención a la varmala y a los pequeños detalles de las mesas: ahí está la historia que de verdad importa.
  • Para sonar local:Shukran‘ (gracias en árabe), porque en Abu Dabi se agradece en el idioma de los anfitriones.

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