Hay un momento en la vida de muchos expatriados en el que todo cambia con una llamada. No la que esperas, sino la que menos te imaginas. La de Harpreet Bhatia llegó cuando aún estaba en la India, pero la decisión que tomó lo trajo directo a los campos de cricket de los Emiratos Árabes Unidos. Y no como uno más: como ciudadano emiratí, con la oportunidad de representar a un país que abrió las puertas a un talento que en su tierra natal nunca llegó a vestir la camiseta nacional. Su historia no es solo una crónica deportiva; es un reflejo de los caminos que los EAU ofrecen a quienes están dispuestos a darlo todo.
Harpreet creció en Madhya Pradesh, India, con un pie en la pared de su casa que hacía las veces de stump improvisado. «Mi padre quería jugar, mi hermano quería jugar», recuerda. «Mi hermano era mejor que yo, pero fui yo quien tuvo la oportunidad». La plastic ball que compartía con su familia se convirtió, con los años, en una carrera profesional que lo llevó a la Indian Premier League, la liga más glamurosa del cricket mundial. Allí compartió vestuario con nombres como Virat Kohli, AB de Villiers y Chris Gayle. Pero siempre le faltó algo: representar a una selección nacional. «Jugué todas las ligas y el máximo nivel del cricket indio, pero me faltaba representar a la nación», confiesa. Esa espina clavada encontró consuelo en un lugar inesperado.
En abril de 2026, con 34 años, Harpreet recibió su primera convocatoria con la selección de los EAU durante una gira por Nepal. Cuatro meses antes todavía disputaba competiciones domésticas en India. El cambio de nacionalidad deportiva fue vertiginoso. No cumplía ninguno de los criterios habituales: no había nacido en Emiratos, no tenía familia allí y apenas había vivido tres meses en el país, cuando el reglamento exige tres años de residencia. Pero Harpreet fue uno de los primeros jugadores de cricket en obtener la nacionalidad emiratí, lo que le permitió ser elegible de inmediato. La llamada del seleccionador Lalchand Rajput dos años antes no cuajó; esta vez, él estaba preparado.
Decidir no fue fácil. «Hablé con toda mi familia, pero mi padre fue el primero en apoyarme», explica. «Él fue quien dijo: ‘Deberías aprovechar esta oportunidad'». Tomarse tres o cuatro días para reflexionar, mientras aún disputaba la Syed Mushtaq Ali Trophy en India, fue un proceso emocional. «Jugué un último partido con Uttar Pradesh en List A y entonces supe que tenía que irme a los EAU», rememora. «Fue duro. Había jugado 17 o 18 años en India». Harpreet no esconde el nudo en la garganta, pero tampoco oculta la gratitud: «Representar a los EAU es algo muy especial en mi vida».
La IPL le dejó un poso de aprendizaje que ahora aplica cada vez que salta al campo. «Aprendí de la actitud, la forma de hablar, la manera de andar de los grandes», dice. «Esos pequeños detalles los intentas integrar en tu juego». Una charla con Virat Kohli le dio una lección sencilla: trabaja duro, lo demás llegará. Sin embargo, también arrastra una pequeña frustración. «Sientes que nunca tuviste una temporada completa de 14 partidos. Si tienes una o dos oportunidades por temporada, es muy difícil demostrar». Ahora por fin tiene regularidad internacional, aunque sea en un escalón por debajo de la élite, y no quiere desaprovecharla.
Jugar para India o para otro país, cuando escuché el himno en Nepal, fue algo especial; la sensación es la misma.
Ahora Harpreet tiene un objetivo claro: clasificar a los EAU para el Mundial. «Quedan 12 partidos en la CWCL2. Podemos ganarlos todos, el equipo está cuajando muy bien», afirma con determinación. Su cumpleaños, el 11 de agosto, coincidirá con el último encuentro de la serie triangular en Escocia, y cumplirá 35 años. Sabe que su ventana internacional no será larga, pero él prefiere vivir el presente. «No pienso mucho en el futuro; soy de los que se centran en el ahora», asegura.
Lo que hace especial esta historia para quienes vivimos en los EAU es que refleja una verdad a menudo invisible: este país no solo acoge talento, sino que lo reconoce y le da un escenario. Expatriados llegan cada día con maletas cargadas de sueños, a veces truncados en sus lugares de origen. La experiencia de Harpreet —decisión familiar, rapidez del proceso, choque cultural— resuena con la de tantos que un día reciben «esa llamada» que lo cambia todo. Para la comunidad hispanohablante que empieza a descubrir el cricket, esta disciplina es una de las mejores puertas de entrada para entender la diversidad de los Emiratos. Aquí conviven jugadores de India, Pakistán, Sri Lanka y, ahora, un indio con pasaporte emiratí listo para hacer historia.
A veces, echando la vista atrás, recuerdo mis primeros meses en Dubái y la sensación de estar empezando de cero. Lo que Harpreet describe al ponerse la camiseta de los EAU —un orgullo mezclado con nostalgia— es algo que muchos expatriados entendemos. No se trata de olvidar de dónde vienes, sino de abrazar la oportunidad que te dan. El cricket, con su ritmo pausado y sus partidos que duran horas, es un espejo perfecto del tempo de adaptación a esta tierra: requiere paciencia, pero cuando encajas, todo fluye. Y si además tienes la suerte de que te concedan la ciudadanía tras años de entrega, el lazo se vuelve indisoluble.
Para que no te pille por sorpresa
- Lo más importante: los EAU conceden la nacionalidad a talentos excepcionales, como deportistas de élite, sin necesidad de largos procesos de residencia previa.
- El error más común: creer que el cricket es cosa solo de expatriados asiáticos; en realidad, es el deporte con más licencias federativas en el país y un pilar cultural.
- Te recomiendo: si quieres seguir los partidos de la selección de los EAU, consulta el calendario en Emirates Cricket Board y busca las retransmisiones en plataformas locales.
- Para sonar local: ‘Mabrook’ (مَبروك) — ‘enhorabuena’ en árabe; perfecta para celebrar un logro deportivo.


