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DEWA rompe el silencio: por qué Dubái descarta el racionamiento de agua mientras medio mundo lo aplica

Dubái ha hecho pública una decisión que contrasta con lo que ocurre en buena parte del planeta: no habrá racionamiento de agua, ni subidas de tarifas, ni restricciones de consumo en el emirato. La confirmación llegó directamente de la autoridad competente, en un comunicado que sorprendió a residentes extranjeros y turistas habituados a las políticas de ahorro hídrico de sus países de origen.

La noticia tiene más matices de los que parece a simple vista. Mientras ciudades españolas imponen multas por regar jardines o llenar piscinas, Dubái defiende un modelo basado en infraestructura masiva. La pregunta que muchos se hacen es si esa apuesta es sostenible o simplemente aplaza un problema que el desierto no perdona.

DEWA y la estrategia detrás del agua en Dubái

La Autoridad de Electricidad y Agua de Dubái, conocida como DEWA, es la responsable de garantizar el suministro en todo el emirato. Su director general confirmó recientemente que la capacidad de producción de agua ha aumentado de forma notable en los últimos meses, pasando de 470 a 550 millones de galones diarios. Ese margen es la base sobre la que se sostiene la decisión de no aplicar restricciones.

A diferencia de regiones con escasez hídrica natural, Dubái no depende de lluvias ni de embalses. Su agua potable procede casi en su totalidad de plantas desalinizadoras que convierten agua de mar en agua apta para el consumo. Esa independencia del ciclo natural del agua es la clave de por qué el emirato puede prometer estabilidad cuando otros países hablan de cortes.

Por qué Dubái no teme la sequía como otras ciudades

Para entender la postura de DEWA hace falta mirar más allá del comunicado oficial y fijarse en la infraestructura. Dubái cuenta con tanques de almacenamiento que suman más de 1.100 millones de galones en superficie, además de un depósito subterráneo capaz de guardar hasta 6.000 millones de galones adicionales. Es una reserva pensada para emergencias, no solo para el día a día.

Esa capacidad convive con Dubái y su Plan Maestro Urbano 2040, un proyecto que incluye corredores verdes, granjas urbanas y sistemas de riego inteligente conectados a DEWA, la entidad pública que gestiona tanto la electricidad como el agua del emirato. La idea es reducir el consumo sin necesidad de imponer sanciones a la población.

Aun así, el propio gobierno reconoce que Emiratos Árabes Unidos es el país con mayor consumo de agua por persona del mundo. Ese dato incómodo convive con la promesa de no racionar, lo que obliga a preguntarse cuánto tiempo puede mantenerse ese equilibrio sin ajustes adicionales.

La apuesta de Dubái por la desalinización solar

Parte de la respuesta a esa pregunta está en construcción en el complejo Hassyan, al suroeste de Dubai Creek. Allí se levanta lo que será la mayor desalinizadora solar del mundo, con capacidad para producir 818.000 metros cúbicos de agua al día y abastecer a dos millones de personas cuando alcance su rendimiento total en 2027.

La planta consume apenas 2,9 kilovatios-hora por metro cúbico de agua producida, una cifra que la sitúa entre las instalaciones más eficientes del planeta en su categoría. Esa eficiencia energética es la pieza que permite a Dubái hablar de seguridad hídrica sin disparar el gasto en electricidad ni multiplicar las emisiones asociadas a la desalinización tradicional.

Lo que turistas y residentes extranjeros deben saber

No todo en torno al agua en Dubái se reduce a tarifas y desalinizadoras. El emirato mantiene sanciones específicas para quienes desperdician el recurso en espacios públicos, algo que sorprende a quienes llegan desde países donde esas prácticas son habituales. Conviene tenerlo presente antes de repetir hábitos cotidianos sin informarse primero.

Estas son las situaciones más comunes en las que un descuido puede traducirse en una multa para un visitante o residente reciente:

  • Lavar el coche con manguera en la calle o en zonas residenciales no autorizadas.
  • Usar fuentes de agua potable para fines distintos al consumo humano directo.
  • Desperdiciar agua en limpiezas de fachadas o pavimentos con sistemas de presión.
  • Ignorar las señalizaciones municipales sobre uso de agua en parques y espacios verdes.

El futuro del agua en una ciudad que no quiere depender del cielo

La estrategia de Dubái apunta a un horizonte claro: que el cien por cien del agua desalinizada provenga de energía limpia y calor residual para 2030. Es un objetivo ambicioso, pero coherente con una ciudad que ha construido su modelo económico sobre la idea de anticiparse antes que reaccionar. Ese enfoque preventivo explica por qué la palabra «racionamiento» no forma parte del vocabulario oficial de DEWA, al menos por ahora.

Lo más probable es que el emirato siga reforzando su capacidad de almacenamiento y desalinización antes de plantear cualquier restricción al consumo ciudadano. La gran incógnita es si ese ritmo de inversión podrá seguir el paso de una demanda que crece cada año junto con la población y el turismo. De momento, la apuesta de Dubái es clara: invertir en infraestructura antes que pedir sacrificios.

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