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Cultura emiratí: la defensa más profunda de una nación en tiempos de amenaza

Hay una frase que me hizo click en medio de un discurso, cuando aún trataba de de entender por qué este país invierte tanto en cultura. Sheikh Mohamed bin Zayed, el presidente de los Emiratos, dijo que «en los Emiratos, todo el mundo es emiratí», y de repente comprendí que la cultura emiratí no es solo tradición: es la defensa más profunda de una nación en tiempos de amenaza.

Lo que descubrí al escuchar la palabra ‘familia’

Leía estos días un artículo de The National que hablaba de la cultura como última línea de defensa, y me detuve en una idea que repetimos los expatriados casi sin pensar: que aquí vivimos más de doscientas nacionalidades. El Año de la Familia, que este 2026 se ha convertido en un lema palpable, ya no es una campaña bonita. Ahora es una realidad a escala de país, donde todos formamos parte de una misma familia extendida, con sus tensiones, pero también con una promesa de protección mutua.

Cuando la cultura se vuelve un escudo

identidad cultural EAU

El artículo que mencionaba me llevó a una imagen que no esperaba: la Séptima Sinfonía de Shostakovich, compuesta durante el sitio de Leningrado, interpretada por una orquesta de músicos hambrientos y transmitida por altavoces hacia las líneas alemanas. En el momento más oscuro, aquellos ciudadanos apostaron por el arte como supervivencia. Y eso me recordó que la cultura no es cosa de tiempos tranquilos, sino de resistencia.

Los Emiratos lo han comprendido desde su fundación. Cuando las amenazas se vuelven reales, construir museos, apoyar a los artistas y contar nuestra historia no es un capricho. Es un acto de firmeza que dice: aquí estamos, esto somos, esto defendemos. No es casualidad que Abu Dabi se haya pensado como capital cultural, no como simple destino turístico.

Pensé que los museos eran para los turistas me equivoqué: son la forma que tiene este país de decirnos que lo que construimos juntos nos hace más fuertes.

Lo que Esparta y Bagdad me enseñaron

Me fascinó leer que en la antigua Grecia, incluso en tiempos de guerra continua, existía un decreto que protegía a los artistas: paso seguro incluso en territorio enemigo, exención del servicio militar, inmunidad. Esparta, la imagen misma de la disciplina marcial, entendía que lo que defendía no eran solo fronteras sino un modo de vida que incluía las canciones y las palabras con las que un pueblo se conoce. Es una lección que la cultura emiratí ha asimilado sin aspavientos.

Los emiratíes no solo miran a su tradición beduina; asumen una responsabilidad civilizatoria. La Casa de la Sabiduría de Bagdad, construida en medio de turbulencias, preservó el legado clásico para la humanidad. Del mismo modo, este país invierte en cultura no para deslumbrar al visitante, sino para construir un significado que dure más que cualquier crisis. Abu Dabi no compite por atención, la impone; ofrece ideas que nadie más puede dar.

La experiencia que lo cambió todo: el Louvre Abu Dhabi

Recuerdo mi primera visita al Louvre Abu Dhabi con un amigo emiratí que apenas hablaba español. Yo iba con la mente puesta en las obras, en el edificio de Jean Nouvel, en la postal. Pero mientras caminábamos, él me señaló un objeto humilde del siglo VIII, procedente de la Ruta de la Seda, y me dijo: «Esto es nuestra historia, no solo la de ustedes». En ese momento entendí que el museo no era un escaparate internacional, era un espejo donde los emiratíes se reconocían a sí mismos.

Para alguien que llega de un país de habla hispana, acostumbrado a una identidad cultural que se da por sentada, resulta fácil ver la escena cultural de los Emiratos como un collage de importaciones. Pero cuando escuchas a un nacional explicarte por qué invierten en cultura, te das cuenta de que no es postureo. Es una apuesta consciente por tejer un relato que incluya a todos los que vivimos aquí, y que sirva de ancla frente al ruido exterior.

Ese día, mientras tomábamos un té con cardamomo en la cafetería del museo, comprendí que la cultura no es un adorno de tiempos prósperos: es el pegamento que mantiene unida a una sociedad cuando todo lo demás tiembla. La cultura emiratí es abierta, pero firme. Te acoge, pero no se disuelve.

Allí comprendí que, mientras en España la cultura se disfruta casi sin pensar, en los Emiratos se cultiva a conciencia. No es mejor ni peor: es una respuesta a la realidad de un país que ha crecido a una velocidad de vértigo y necesita un anclaje. Y ese anclaje, curiosamente, nos incluye a los que venimos de fuera.

Desde entonces, cada vez que paso por la Gran Mezquita o veo un cartel de un festival cultural, ya no veo un producto turístico. Veo un mensaje: esta es nuestra casa, la construimos juntos, la defendemos juntos.

Hoy, cuando leo que la cultura es la defensa más profunda de una nación, sé con total certeza que no es retórica. Lo he visto en los ojos de quien me explicó que su país también es mío, si yo quiero.

Para que no te pille por sorpresa

  • Lo más importante: La cultura en los Emiratos es una herramienta de cohesión nacional; cada festival, museo o programa artístico refuerza la identidad compartida y la resiliencia.
  • El error más común: Subestimar la profundidad cultural pensando que es solo marketing; detrás hay siglos de tradición y una estrategia de Estado.
  • Te recomiendo: Visitar el Qasr Al Hosn en Abu Dabi, donde se cuenta la historia de la ciudad y se respira el alma beduina.
  • Para sonar local: ‘Alhamdulillah’ (gracias a Dios, todo está bien) — una expresión que resume el espíritu de gratitud y comunidad.

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