La Semana de la Moda de Dubái cerró su temporada primavera/verano 2027 con una lección que va más allá de la pasarela. Detrás del brillo fácil, una generación de diseñadoras emiratíes y regionales está empezando a contar su propia historia.
Qué se vio este año (y por qué no es solo una pasarela)
Dubai Design District —el barrio creativo que todo el mundo llama d3— acogió a finales de octubre desfiles de firmas emiratíes, kuwaitíes, jordanas, palestinas, indias, tunecinas y bareiníes. La ambición, según se repetía en los pasillos, ya no vive solo en la pasarela: vive en el mercado. Oriente Medio se ha convertido en un escaparate que la industria internacional ya no mira de reojo.
Una de las debutantes fue la emiratí Sharifa Al Hashemi, que se subió al escenario como fundadora, diseñadora, contable y gestora de inventario de su propia marca, Onori. Lo contó entre risas, con esa mezcla de agotamiento y orgullo que reconoce cualquiera que haya montado algo desde cero. Su colección venía de unas vacaciones en Cerdeña: un abrigo de los años cincuenta reconvertido en vestido palabra de honor, pantalones capri estampados y un vestido midi suavizado con flores de tela.
Había más. En cada look asomaba una perla colgante, un guiño discreto a la historia perlera del Golfo que ella reivindicó sin discurso. El desfile cerró con un vestido de novia translúcido en tono crema, bajo un velo largo de flecos dorados que brillaba, decían, como el interior de una concha de ostra.
Desde Abu Dabi llegó Kuni Couture, la firma de Sara Mousa, arquitecta jordana reconvertida en diseñadora. Su colección se llamó The Art of Becoming y arrancaba del propio nombre de la marca, que en árabe viene a decir ‘sé tú misma’. La paleta avanzaba del beige al azul y de ahí a los tonos oscuros, contando el viaje de una mujer que se descubre a sí misma. Cerró el desfile con su hija pequeña de la mano, y ese gesto dijo más que cualquier nota de prensa.
La firma que rompió el molde del vestido de fiesta

El momento más comentado llegó con el debut en Dubái de Nafsika Skourti, la firma palestino-griega de las hermanas Nafsika y Stephanie. Volvían a la pasarela después de nueve años de parón y lo hicieron con Sisters by Choice, un desfile con lemas bordados —No Wrong Turns, Sisters by Choice— y ropa pensada para el día. Faldas amplias con flores, tops con cremallera deportiva, corsetería suavizada, tejidos ligeros cortados para moverse. En una semana llena de vestidos de noche preciosos pero incómodos, aquello se sintió casi revolucionario.
En una ciudad que presume de exceso, lo verdaderamente radical es un vestido que te deja caminar, comer y bailar sin pedir permiso.
Abrir el calendario le tocó al kuwaití Yousef Al Jasmi, un diseñador acostumbrado a vestir a Lady Gaga y a entender el exceso teatral como lenguaje propio. Sus vestidos, forrados de cristal de arriba abajo, con tiras de pedrería que caen del hombro al suelo y corpiños escultóricos sobre faldas transparentes, marcaron el tono: del nude más desnudo al negro más rotundo.
Lo que se aprende mirando el front row (y no sale en las fotos)
Te lo digo por experiencia: la primera vez que entras en uno de estos desfiles crees que vas a ver la pasarela y acabas mirando al público. El front row de Dubái no es una fila uniforme de editoras con el mismo abrigo negro. Es una mujer emiratí con una abaya (la túnica larga que se lleva sobre la ropa) de un corte impecable, un estilista libanés, una creadora de contenido india con tres mil fotos en el carrete y una consultora de lujo que ha venido andando desde su torre de Business Bay.
La comparación con España es inevitable. En Madrid o en Barcelona la escena se siente más cerrada, más pendiente de lo que opina el de al lado. Aquí hay menos jerarquía visible y más prisa por hacer cosas. Eso sí, también hay una verdad incómoda: la comunidad hispanohablante está por todas partes —producción, estilismo, comunicación de firmas de lujo, comercio—, pero sigue siendo casi invisible en el calendario oficial. No verás muchos apellidos españoles o latinoamericanos sobre la pasarela. Todavía.
Y hay un detalle que nadie te cuenta antes de llegar: el código de vestimenta. Aquí no se trata de llamar la atención, se trata de que te recuerden por el detalle. Un tejido bien elegido pesa más que un escote, y eso, para una europea criada con otras reglas, obliga a recalibrar el radar. Añádele el calor de octubre a las seis de la tarde y entenderás por qué casi todo el mundo llega en taxi.
Los nombres que hay que apuntar
Sara Pedram, autodidacta, presentó Simurgh, una colección construida sobre El lenguaje de los pájaros, el poema épico persa del siglo XII de Attar de Nishapur. Tradujo el relato en siluetas escultóricas: alas que asoman de los hombros, un vestido columna en ámbar quemado, un terciopelo azul prusiano con un Árbol de la Vida de cristal trazado sobre la cola. Lo más sobrecogedor fue un vestido de vuelo amplio en arpillera, pintado a mano con una escena inspirada en el poeta Hafez.
La india Pallavi Puri llevó Beyond Borders, un ejercicio de intercambio cultural con bordados tradicionales indios relecturados para clientas emiratíes, asiáticas, y marroquíes. Los caballos aparecían una y otra vez, guiño a la cultura ecuestre de Dubái. Abrió la modelo Lisa Haydon y cerró la actriz libanesa Cyrine Abdel Nour con un look de novia bordado.
Kresha Bajaj cerró la noche aplicando su bordado de siempre a ropa de día: tops de ganchillo, camisetas de estilo urbano, patrones de piel de cebra. Y en el showroom quedaron otras puertas abiertas: los bolsos impresos en 3D de la bareiní Touchless, las gafas joya del egipcio Amr Saad, los tacones de metal martillado de la tunecina Balga y los botones de porcelana de barro kuwaití de Kochylia.
Cómo acercarte a esta escena sin ser del gremio
Si te pica la curiosidad, el primer paso es geográfico: casi todo ocurre en d3, el distrito de diseño junto a Business Bay. Si vas en metro, la parada de Business Bay te deja a un paseo; si vas en taxi o en Careem, pide que te dejen en la entrada del distrito y no en el centro comercial de al lado. El calendario de desfiles se mueve por invitación, así que la vía realista para un recién llegado pasa por el showroom, las presentaciones abiertas y los eventos paralelos que se anuncian en la web oficial de Visit Dubai.
Al final, lo que me llevo de esta semana no es un vestido. Es la sensación de que esta ciudad ha dejado de copiar el calendario ajeno y está empezando a escribir el suyo. Y cuando algo así ocurre a veinte minutos de tu casa, merece la pena salir del sofá y mirar.
Para que no te pille por sorpresa
- Lo más importante: la Semana de la Moda de Dubái se celebra en Dubai Design District (d3) y combina pasarela con showroom; buena parte del valor real está en los eventos paralelos, no solo en los desfiles.
- El error más común: vestirse de gala para un desfile de día. Aquí se agradece el detalle y la modestia bien entendida: ropa cuidada, hombros y rodillas cubiertos en espacios públicos y cero afán de protagonismo.
- Te recomiendo: seguir las cuentas de d3 y de las propias firmas, y pasarte por el showroom, donde el talento emergente se deja ver sin necesidad de invitación al front row.
- Para sonar local: ‘yalla‘ (vamos, venga, date prisa; se usa para todo, desde arrancar una conversación hasta despedirte en el ascensor).

