Vivir en Dubái cambia tus costumbres de maneras absurdas que jamás confesarías en voz alta. Te pasas los primeros meses comparando sueldos, alquileres y playas. Y un día descubres un efecto secundario que nadie te avisó: te has convertido en una esnob de los baños públicos. Te lo digo por experiencia, y te prometo que no me estoy riendo.
El viaje de vuelta que me lo reveló todo
No me di cuenta hasta que volví a Europa hace unas semanas, un viaje que llevaba meses esperando. Dos semanas de restaurantes, cafeterías y calles comerciales. Y una pregunta que salía de mi boca antes de entrar a cualquier baño: ‘¿Está limpio? ¿Es espacioso? ¿Huele bien?’ Si la respuesta de mi amiga era un ‘bueno, está aceptable’, mi cara lo decía todo. Prefería esperarme a entrar ahí, y no era una decisión racional.
Me descubrí comparando mentalmente cada baño con los de Emiratos: papeleras desbordadas, suelos húmedos, jabón inexistente, toallitas de papel agotadas o puertas que apenas se mantenían cerradas. Esta semana leía una columna en The National sobre exactamente lo mismo y respiré aliviada. No soy la única con esta deformación profesional de residente, y eso me tranquiliza más de lo que debería.
El estándar de limpieza que no ves venir
La verdad es que en Emiratos Árabes Unidos la limpieza y la seguridad son la norma, no la excepción. Forma parte de un esfuerzo mucho más amplio que apenas registras cuando vives aquí. Pero después de años de baños públicos impecables en centros comerciales, gasolineras y hasta en la playa, tus estándares se desplazan sin que te des cuenta. Un día aceptas un baño ‘normal’ y al siguiente lo evalúas como un inspector de guías gastronómicas.
No es solo la limpieza, aunque sea lo primero que salta a la vista. Son los espacios y la privacidad. Las puertas que cierran de verdad, sin huecos enormes alrededor ni aberturas amplias por debajo que te dejan expuesta. En Emiratos muchos baños incorporan la shattaf, la manguera bidet que aquí es casi un estándar. Una vez que te acostumbras a ella, prescindir de ella en otro país se siente extrañamente primitivo.

La accesibilidad que no valoras hasta que la pierdes
Hay algo más que agradezco de vivir aquí, y lo valoro cada vez que viajo: la accesibilidad. Estés en un centro comercial, en una gasolinera o en la playa, suele haber un baño limpio a menos de cinco minutos. Y, además, casi siempre es gratuito, algo que no ocurre en tantas ciudades europeas donde te toca pagar o consumir para usar uno. La disponibilidad es un lujo silencioso que solo notas cuando desaparece.
Nadie te avisa de que vivir en Emiratos te sube el listón en cosas tan básicas que solo las notas cuando viajas.
En Nueva York, una mujer creó en 2021 una cuenta de Instagram llamada Got2GoNYC para ayudar a la gente a encontrar baños públicos gratuitos y accesibles en toda la ciudad. Ya supera los 350.000 seguidores, que no es poca cosa. También hay aplicaciones como Flush, que mapea baños cercanos con detalles sobre tarifas y accesibilidad, o SitOrSquat, donde los usuarios puntúan si un baño está lo bastante limpio para sentarse o si mejor hacer una sentadilla. Ninguna de ellas era necesaria cuando vivía en Dubái.
El privilegio de ser esnob
Soy consciente de que quejarme de esto es un privilegio enorme. Hay problemas muchísimo más graves en el mundo que si un baño público huele bien o no. Y también sé que no todos los edificios pueden tener instalaciones modernas y espaciosas. Pero existe una diferencia entre un baño pequeño y honesto y uno que no se ha limpiado de verdad en semanas. Esa diferencia es la que me resulta imposible ignorar ahora.
Claro que cuando la necesidad aprieta no siempre hay margen para ponerse exquisita. A veces usas lo que hay y sigues con tu vida. Pero después de más de una década en Emiratos, me he dado cuenta de que mis expectativas se han recalibrado para siempre. Cada viaje me lo recuerda: me han malacostumbrado en lo más cotidiano.
Para la comunidad hispana que vive aquí, la comparación con los baños públicos en España o Latinoamérica es inevitable y suele provocar alguna carcajada en las cenas de expatriados. Allá las diferencias son enormes según la ciudad, el barrio o el centro comercial. Aquí, en mi experiencia, el estándar se mantiene sorprendentemente parejo prácticamente en cualquier sitio de Dubái, y eso es un alivio diario. Y sí, aunque parezca una tontería, es uno de esos detalles que hacen que la vida diaria se sienta más amable.
Para que no te pille por sorpresa
- Lo más importante: Vivir en Emiratos te sube el estándar de limpieza, privacidad y accesibilidad de los baños públicos, y lo notarás cuando viajes.
- El error más común: Asumir que en Europa o en tu país tendrás baños públicos gratuitos y disponibles en cualquier punto turístico.
- Te recomiendo: Llevar siempre pañuelos de papel o toallitas húmedas en el bolso cuando viajes, y descargar una app como Flush para localizar baños cercanos.
- Para sonar local: ‘Shattaf‘ (شطاف) — la palabra árabe para la manguera del bidet que acompaña a muchos baños en EAU. Úsala y parecerás toda una residente.

