Te confieso una cosa: cuando me mudé a Abu Dabi, pensaba que el deporte nacional era la cetrería o, con suerte, las carreras de camellos. No tenía ni idea de que el jiu-jitsu era la disciplina que moldeaba el carácter de miles de niños emiratíes desde la guardería. Hasta que un miércoles cualquiera, al pasar por un colegio del Corniche, vi a un grupo de pequeñas con uniforme azul haciendo llaves en el suelo del gimnasio. La profesora, una emiratí con la abaya ondeando, las animaba con tal pasión que me quedé pegada a la valla como una turista.
Ese día supe que algo muy potente se estaba cocinando en este rincón del Golfo. Y los recientes Mundiales de Jiu-Jitsu celebrados en la capital lo han confirmado con creces: los Emiratos Árabes Unidos terminaron en lo más alto del medallero, y la ciudad vibró con un orgullo que iba mucho más allá de las medallas. Aquí el jiu-jitsu es cultura, identidad y escuela de vida, y te lo voy a contar con la cercanía de quien lo ha visto florecer desde dentro.
El deporte que todo emiratí practica (y tú ni sabías que existía)
En los Emiratos, el jiu-jitsu no es solo un arte marcial; es una herramienta educativa oficial. El jeque Mohammed bin Zayed, presidente del país y cinturón negro, impulsó hace años la Federación de Jiu-Jitsu de los EAU y, con ella, un plan para introducir esta disciplina en los colegios públicos. Hoy, más de 150 escuelas en Abu Dabi y Al Ain imparten clases regulares y forman parte de un programa escolar que integra valores como el respeto, la paciencia y la superación personal. Los lunes y los miércoles suena el ‘yallah al tatami’ y los chiquillos corren a quitarse los zapatos para empezar con el saludo reglamentario al sensei.
La filosofía del jiu-jitsu encaja como un guante en la mentalidad emiratí: se basa en que el más débil puede vencer al más fuerte con técnica y autocontrol. No se fomenta la agresividad, sino la calma bajo presión. De hecho, los padres locales lo valoran tanto como el inglés o las matemáticas. Dicen que un niño que hace jiu-jitsu aprende a caer y a levantarse, literal y figuradamente. Y créeme, esa resiliencia se nota en la calle.
La sorpresa al entrar en un colegio de Abu Dabi
Lo primero que llama la atención de un expat hispano cuando pisa un cole emiratí es el tatami limpio y los diplomas de la UAE Jiu-Jitsu Federation colgados en la recepción. No es un extraescolar más: es parte del currículo nacional para muchos centros públicos y privados. Los niños visten el tradicional gi blanco o azul marino y compiten en ligas escolares que culminan en campeonatos regionales con la familia real en las gradas. Imagínate: el ambiente de una final de fútbol sala en cualquier ciudad española, pero con llaves de brazo y estrangulamientos técnicos.
Para una familia que llega de México, Colombia o España puede resultar chocante al principio. Allá estamos acostumbrados al fútbol o al baloncesto; aquí el deporte de contacto tiene un aura de respeto casi marcial. Pero la acogida es inmediata. Muchos colegios internacionales han sumado el jiu-jitsu a su oferta y los monitores suelen ser excompetidores con una paciencia infinita. El primer día mi hijo volvió a casa presumiendo de ‘passagem de guarda’ y con una sonrisa enorme. Ese día entendí que esta disciplina iba a ser nuestro puente cultural.

Mi primera clase de jiu-jitsu (y la lección que no esperaba)
No te voy a engañar: convencerme a mí misma para enfundarme un gi y pisar un tatami a mis 37 años me costó lo suyo. Pero una amiga española, que llevaba ya dos años entrenando en una academia de Al Reem, me lanzó el reto: ‘Ven un día, si no te gusta, te invito a un karak‘. Así que fui. Y lo que encontré no tenía nada que ver con la imagen de lucha que tenía en la cabeza. Había más respiración consciente y ejercicios de posición que combates reales. El profesor, un brasileño afincado en Abu Dabi desde hacía una década, nos recordaba cada cinco minutos que dejáramos el ego en la puerta.
Lo más impactante fue la mezcla de perfiles: una niña emiratí de unos diez años entrenando al lado de un contable británico de cincuenta; dos hermanos jordanos repasando una técnica con una universitaria rusa. El jiu-jitsu en Abu Dabi disuelve las jerarquías. Y cuando al final de la clase todos formamos en fila para saludar al profesor, se hizo un silencio de respeto absoluto. Entonces comprendí que esa ceremonia final era más importante que cualquier llave aprendida. Allí no se compite solo contra el otro; se compite contra las propias frustraciones. Y en una ciudad donde todo parece ir siempre acelerado, esa pausa de humildad me sanó.
Lo que más une a un emiratí y a un expat en el tatami no es la técnica, sino la sensación compartida de que caerse forma parte del aprendizaje.
De los mundiales a la cotidianidad: lo que nos enseñan las competiciones
Los recientes Mundiales de Jiu-Jitsu en Abu Dabi dejaron a los locales en lo más alto del podio y, de paso, nos recordaron la potencia de este deporte en el tejido social. Durante una semana, el pabellón del Zayed Sports City se llenó de atletas de más de 70 países. Las familias emiratíes acudían en grupo con banderas; los expats hispanos que estábamos por allí nos sentíamos un poco intrusos pero bienvenidos. Un detalle que no pasó desapercibido fue el gesto antideportivo de un competidor de otra delegación, que se negó a estrechar la mano a un rival en el podio. La organización y el público respondieron con un aplauso cerrado para el deportista afectado, y la jornada continuó.
Ese episodio, aunque aislado, fue un recordatorio de que el jiu-jitsu predica justo lo contrario: el respeto al oponente es innegociable. En cada academia de Abu Dabi, la primera norma antes de pisar el tatami es saludar. No importa si eres jeque o estudiante con beca. Y esa igualdad radical es la que atrapa a tantos expats hispanohablantes, que a menudo venimos de culturas donde el estatus pesa demasiado. Aquí, cuando te agarran por la solapa, todos somos de la misma pasta.
Para que no te pille por sorpresa
- Lo más importante: El jiu-jitsu en Emiratos no es un simple deporte, es un pilar educativo y cultural impulsado por la familia real. Se respeta como una formación integral.
- El error más común: Pensar que es un arte marcial violento o exclusivo para emiratíes. Al revés: hay academias para todos los niveles y nacionalidades, con un ambiente sorprendentemente inclusivo.
- Te recomiendo: La academia Palms Sports (con sedes en Abu Dabi y Al Ain) o la UFC Gym de Al Wahda, ambas con instructores internacionales y clases específicas para expats principiantes.
- Para sonar local: ‘Yallah, let’s roll’ (mezcla de árabe e inglés que se usa para animar a empezar el combate; yallah significa ‘vamos’ o ‘venga’).

