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Amaru Dubái: el menú degustación de 8 platos por 250 dírhams que es la mejor relación calidad-precio

Reconozcámoslo: en Dubái, pedir guacamole puede costarte casi 100 dírhams sin pestañear. Y aunque la oferta de alta cocina latinoamericana es de las más vibrantes de la ciudad, los precios a veces te dejan el estómago revuelto antes de probar el primer bocado. Por eso, cuando me llegó el soplo de que un restaurante recién inaugurado en Souk Madinat Jumeirah ofrecía un menú degustación de ocho platos por 250 dírhams, no me lo podía creer. Me refiero a Amaru, y sí, es justo lo que la comunidad hispanohablante andaba buscando para comer de lujo sin hipotecar la cartera.

LO ESENCIAL

  • Precios de los menús degustación: 250 dírhams el vegetariano, 290 dírhams el de carne, por persona.
  • Dónde: Souk Madinat Jumeirah, en la entrada principal, en el local que ocupaba J54 Studio.
  • Contacto: 050 263 7060. Abre para cenas de 18:00 a 23:00.

Un salón que te transporta sin moverte de Dubái

Entrar en Amaru es como poner un pie en las civilizaciones precolombinas. El restaurante, bautizado con el nombre de una serpiente bicéfala de la mitología andina, despliega una estética que mezcla motivos mayas, aztecas e incas con un aire desenfadado y moderno. La iluminación proyecta símbolos cósmicos en las paredes, y una máscara ceremonial de casi dos metros te observa con ojos que se mueven. No te intimida; al contrario, le da al espacio una energía juguetona, como si la historia estuviera de tu lado.

La planta circular —un guiño a la comunidad y al cosmos— logra que un local con capacidad para 220 comensales se sienta recogido y acogedor. Las mesas altas, los reservados de cuero y la barra hexagonal central envuelven a cualquiera en una atmósfera íntima, mientras de fondo suena música instrumental cubana que invita a quedarse. Para una cita tranquila o una celebración entre amigos, el escenario es redondo.

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Los menús degustación: lujo a precio de ganga

El auténtico golpe de efecto llega con la carta. El restaurante ha diseñado dos experiencias Chef’s Journey de ocho platos que suponen un ahorro de unos 400 dírhams respecto a pedir los mismos platos a la carta. El menú vegetariano cuesta 250 dírhams por persona (unos 63 euros) y el de carne, 290 dírhams (73 euros). Para que te hagas una idea, los platos equivalentes en carta sueltan fácilmente más de 600 dírhams. La relación calidad-precio es tan escandalosa que la comunidad hispanohablante ya lo está compartiendo en todos los grupos de WhatsApp.

Ambas opciones comparten el entrante de guacamole cremoso —con un toque cítrico preciso— servido con totopos (trozos de tortilla de maíz) en lugar de los típicos chips, y una guarnición de yuca al carbón que, te aviso, es un gusto adquirido. A partir de ahí, las rutas se bifurcan con platos que viajan desde la cocina callejera latinoamericana hasta la alta cocina contemporánea.

Lo que probamos (y lo que más nos sorprendió)

Según relata The National, que visitó el restaurante por invitación, los aperitivos son un desfile de texturas y sabores. Las empanadas de ternera y setas y las arepas de pollo y champiñones resultan sabrosas, aunque la masa puede resultar algo densa para el gusto latino acostumbrado al bocado más ligero. Sin embargo, los anticuchos de shiitake del menú vegetariano rozan lo memorable: las setas, marinadas con chipotle y ají amarillo, se deshacen en la boca con una suavidad que recuerda a la carne. Y el ceviche Pacific Gold, con lubina salvaje, calamar crujiente y una leche de tigre cítrica con un golpe justo de rocoto, te deja sin palabras.

Los menús degustación te ahorran 400 dírhams y te permiten probar la alta cocina latinoamericana sin miedo a la factura.

La traca final llega con los fondos. El asado negro venezolano de 36 horas —costilla corta glaseada con panela y servida con crema de calabaza— es un plato maestro de matices dulces, especiados y ahumados. La berenjena al Josper con miso blanco, ajo negro y emulsión ahumada demuestra que la parrilla también puede ser poesía vegetal. De postre, los churros crujientes y el fondant de dulce de leche redondean un viaje que se saborea en dos horas largas, sin prisas.

El alma peruana que cocina para todos

Detrás de cada plato está el chef peruano Carlo Valentino, que ha cocinado en cuatro continentes y construyó la cocina de Amaru desde cero. Para un hispanohablante, escucharle hablar de ajíes, quinoa y ceviches reconforta; es como encontrar un trozo de casa en medio del desierto. El chef recomienda la causa de cangrejo real —un guiño a los paisajes de las montañas peruanas— y los anticuchos de Wagyu 9+, una reinterpretación callejera que roza los 200 dírhams a la carta. Pero si algo me gusta de su propuesta es que, con los menús degustación, esos platos de lujo no están vetados para nadie.

La comunidad latina de Dubái ha recibido Amaru con los brazos abiertos. Y es que poder sentarte a una mesa con vajilla Bonna y cubertería Herdmar, rodeada de símbolos que cuentan milenios de historia, mientras pruebas un ceviche que se codea con los mejores de Lima, es un lujo pequeño que sabe a victoria. Aquí no hay postureo: hay mimo por el producto y una voluntad genuina de que la cocina latinoamericana brille sin que tengas que vender un riñón.

Para que no te pille por sorpresa

  • Lo más importante: Los menús degustación se sirven solo en la cena y conviene reservar. No están disponibles a la carta; son experiencias cerradas.
  • El error más común: Ir con el estómago lleno. Son ocho pases que sacian de verdad; el ritmo pausado invita a compartir y a conversar.
  • Te recomiendo: Aprovecha el happy hour en la barra antes de sentarte; abre hasta las 3 de la mañana y los cócteles son dignos de mención.
  • Para sonar local: ‘Buenazo, causa’ (expresión peruana para decir que algo está genial, colega). El chef la entiende de maravilla.

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