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El fin del reinado del Burj Khalifa; el megaproyecto secreto de Abu Dabi que desafía la ingeniería moderna

Desde 2010, el Burj Khalifa ha gobernado el horizonte del mundo con sus 828 metros de hormigón y acero. Nadie, en ese momento, apostaba por que quince años después un rascacielos en Arabia Saudí estaría añadiendo un piso cada tres o cuatro días para quitarle la corona. El relevo generacional en arquitectura vertical ya no es una promesa: es un solar activo a orillas del mar Rojo.

Lo que hace especialmente llamativa esta historia no es solo la altura —que supera el kilómetro— sino el historial de tropiezos que acumula la Torre Jeddah antes de llegar hasta aquí. Paralizaciones, escándalos de corrupción, una pandemia y siete años de silencio separan la puesta de la primera piedra, en 2013, del ritmo frenético de construcción que se registra hoy. Eso convierte cada piso nuevo en un pequeño triunfo contra la adversidad.

El Burj Khalifa: una maravilla de ingeniería con los días contados como récord

El Burj Khalifa no se construyó porque Dubái necesitara espacio: lo hizo para anunciarle al mundo que el emirato había llegado. El rascacielos de Skidmore, Owings & Merrill se alzó sobre arena inestable con una cimentación de 192 pilotes que se hunden más de 50 metros en el suelo, y su silueta escalonada —inspirada en la flor desértica Hymenocallis— fue diseñada para disipar el viento a alturas que nadie había alcanzado antes. Una proeza que, paradójicamente, abrió el camino para que otros se atreviesen a ir más lejos.

Con 154 pisos habitables, ascensores que viajan a 10 metros por segundo y un sistema de climatización que recoge cada noche el agua condensada de la fachada para regar los jardines, el Burj Khalifa sigue siendo una referencia técnica sin fisuras. Su récord, sin embargo, tiene fecha de caducidad oficial: la Torre Jeddah prevé coronarse antes de 2030 con cerca de 167 plantas y más de mil metros de altura.

El Burj Khalifa frente a su sucesor: por qué la Torre Jeddah es diferente a cualquier otro rival

El Burj Khalifa lleva años viendo cómo proyectos rivales nacían en papel y morían por falta de financiación. La Torre Jeddah, en cambio, ya había superado los 63 pisos en 2017 cuando todo se paralizó de golpe: la purga anticorrupción del príncipe heredero Mohammed bin Salman encarceló a varios de sus principales inversores en el hotel Ritz-Carlton de Riad, congelando el proyecto cuando apenas se había completado un tercio. Ese drama añade una dimensión política al edificio que ningún otro rascacielos puede igualar.

La reactivación oficial llegó en enero de 2025, y la obra ha retomado un ritmo que sorprende a los propios ingenieros. El mismo arquitecto que diseñó el Burj Khalifa, Adrian Smith, firma también la Torre Jeddah, lo que convierte este duelo en algo casi personal: el mismo hombre que estableció el récord trabaja ahora para superarse a sí mismo con una estructura un 21% más alta.

La carrera técnica: lo que la Torre Jeddah tiene que resolver donde el Burj Khalifa no llegó

Construir sobre un kilómetro plantea problemas que la ingeniería del Burj Khalifa no tuvo que resolver. El primero es el viento: a esas alturas, las ráfagas generan fuerzas oscilatorias que pueden hacer inhabitable un edificio si la estructura no responde con la rigidez exacta. La Torre Jeddah adopta una forma de trípode aerodinámica con retranqueos escalonados que reduce hasta un 25% la presión lateral respecto a una torre cilíndrica convencional. La solución no es nueva en teoría, pero nunca se había ejecutado a esta escala.

El segundo reto son los ascensores. Por encima de los 500 metros, los cables de acero convencionales pesan tanto que resultan inviables. La Torre Jeddah incorporará la tecnología KONE UltraRope, basada en fibra de carbono, capaz de funcionar sin problemas hasta un kilómetro de recorrido vertical. Es uno de esos detalles que pasan desapercibidos para el visitante, pero que representan una revolución silenciosa en la ingeniería de transporte vertical.

Qué tendrá la Torre Jeddah que no tiene el Burj Khalifa

La nueva estructura no busca solo la altura: quiere ser una ciudad vertical completa. Estos son sus cuatro elementos más destacados:

  • El mirador más alto del mundo, en el piso 157, con vistas panorámicas al mar Rojo y al desierto.
  • Un hotel Four Seasons integrado en los primeros 50 niveles, con acceso directo al podio comercial.
  • Residencias de lujo desde la planta 79, con balcones exteriores diseñados por los mismos equipos que trabajaron en The Shard de Londres.
  • Una plataforma heliportuaria en la coronación que duplica como espacio de eventos para ocasiones excepcionales.

El impacto más allá de los récords: qué significa para la región y para el Burj Khalifa

La Torre Jeddah no llegará sola: forma parte del Jeddah Economic City, un macroproyecto de 20.000 millones de dólares que aspira a transformar la costa norte de Yeda en un nuevo polo económico del Golfo. El planteamiento recuerda al Downtown Dubai que el Burj Khalifa ancló hace quince años, con la diferencia de que Arabia Saudí parte de una economía que necesita demostrar —especialmente ante inversores internacionales— que su Visión 2030 no es solo marketing. Cada piso que sube la Torre Jeddah es, en ese sentido, un argumento financiero tan poderoso como arquitectónico.

Para el Burj Khalifa, perder el título de edificio más alto no implica perder relevancia. Dubái ha demostrado que los iconos no se jubilan: la torre sigue siendo el activo turístico más visitado del emirato, con millones de personas al año subiendo a sus miradores. La diferencia es que pasará de ser el número uno a ser el clásico que inspiró a todos los demás, un estatus que, en arquitectura, tiene tanto valor como el récord mismo.

Qué esperar en los próximos años: el horizonte vertical del Golfo

El sector anticipa que la inauguración de la Torre Jeddah, prevista antes de 2030, desencadenará una nueva oleada de megaproyectos verticales. Proyectos como la Rise Tower en Riad —dos kilómetros de altura en propuesta— indican que el listón no parará de subir mientras el petrodólar financie visiones que la física convencional apenas puede soportar. La competencia entre emiratos y reinos del Golfo ha dejado de medirse en reservas de crudo para hacerlo en metros sobre el nivel del mar.

Para el viajero o el inversor español que mira hacia la región, el mensaje práctico es claro: el Burj Khalifa sigue siendo la experiencia de referencia —ningún edificio futuro le robará eso— pero entender la Torre Jeddah es entender hacia dónde va el mundo árabe en las próximas décadas. La historia de estos dos rascacielos, firmados por el mismo arquitecto con quince años de distancia, es, en el fondo, la historia de un continente que lleva treinta años aprendiendo a no tener techo.

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