Jubail Island emerge como el proyecto residencial más singular de los Emiratos Árabes, donde el lujo inmobiliario se fusiona con la conservación de ecosistemas naturales. Situada entre la isla Yas y la isla Saadiyat, esta extensión de 32 kilómetros cuadrados ha apostado por un modelo de desarrollo de baja densidad que prioriza la biodiversidad sobre el hormigón.
Frente a los rascacielos que dominan el paisaje de la capital emiratí, este enclave ofrece una propuesta radicalmente diferente: residencias de más de 1.200 metros cuadrados rodeadas de bosques de manglares, donde flamencos y tortugas marinas son los verdaderos protagonistas. El proyecto, heredero de la visión ecológica del fundador de los Emiratos, el jeque Zayed bin Sultan Al Nahyan, transforma una isla antes estéril en un refugio de vida silvestre accesible en apenas media hora desde el centro de Abu Dabi.
Un parque que redefine el turismo ecológico
El Jubail Mangrove Park constituye el primer parque autónomo educativo de su clase en el emirato, con pasarelas flotantes de 2 kilómetros que serpentean sobre las aguas donde se asientan los manglares. Inaugurado en 2020, el espacio se ha convertido en plataforma de concienciación sobre la función ecológica de estos hábitats, que no solo sustentan la biodiversidad marina, sino que absorben dióxido de carbono y lo atrapan en sus suelos durante milenios.
Las actividades de kayak entre los árboles parcialmente sumergidos permiten a visitantes y residentes adentrarse en un ecosistema que alberga más de 80 especies de aves, 13 especies de crustáceos y una diversidad de peces que convierten la zona en punto estratégico para la industria pesquera. Los programas educativos, desarrollados en colaboración con la Agencia de Medio Ambiente de Abu Dabi, incluyen desde visitas guiadas con guardabosques hasta oportunidades de plantación de árboles, experiencias diseñadas tanto para escolares como para empresas en el marco de sus programas de responsabilidad social.
La entrada al parque, fijada en 15 dirhams, da acceso a un territorio donde garzas, gacelas y tortugas conviven en un equilibrio que recuerda que Abu Dabi es más que sus torres de cristal. Las rutas nocturnas especiales amplían la experiencia, permitiendo descubrir la vida del manglar bajo las estrellas, un contraste imposible de imaginar a pocos kilómetros del bullicio urbano
El compromiso con un millón de manglares
✓ Objetivo nacional: Plantar 100 millones de manglares en todo el país antes de 2030
✓ Compromiso de Jubail Island: Un millón de árboles adicionales en la isla
✓ Avance actual: Más de 350.000 ejemplares ya plantados en el territorio
✓ Impacto climático: Las 1,35 millones de árboles capturarán 1.150 toneladas de CO₂ anuales una vez completada la plantació
La Jubail Island Investment Company ha establecido alianzas estratégicas con entidades gubernamentales y privadas para materializar esta ambiciosa meta de reforestación. El proyecto no solo responde a compromisos medioambientales, sino que posiciona a la isla como referente en la lucha contra el cambio climático mediante soluciones basadas en la naturalez
Por cada árbol perdido en procesos de desarrollo urbanístico, se plantan tres nuevos ejemplares, una política que ha permitido revertir décadas de degradación de estos ecosistemas costeros. Los manglares grises, adaptados a las altas temperaturas del mar Arábigo —el más cálido del planeta—, actúan como ingenieros del ecosistema, creando condiciones ideales para que prosperen cangrejos, peces juveniles y numerosas especies que después sustentan la pesca comercial en aguas más profundas
Exclusividad residencial con vista a la naturaleza
El componentobiliario contempla 400 villas de gama alta y 400 unidades multifamiliares distribuidas estratégicamente para minimizar el impacto sobre el entorno natural. Las primeras entregas, previstas inicialmente para finales de 2022, han consolidado un modelo donde las residencias se integran en el paisaje sin dominarlo, una filosofía opuesta a los desarrollos verticales que caracterizan Abu Dabi.
Los propietarios acceden a un estilo de vida donde el avistamiento de vida silvestre forma parte de la rutina diaria, desde flamencos que sobrevuelan las villas hasta tortugas marinas visibles desde las pasarelas privadas. El programa de recompensas de la isla permite a residentes canjear puntos por actividades de plantación de manglares, entradas gratuitas al parque o descuentos en experiencias de kayak, fomentando la participación activa en la conservación.
Richard Russell, director de operaciones de la compañía inversora, define el proyecto como una creación en armonía con las áreas protegidas circundantes, donde la baja densidad de construcción garantiza que los espacios verdes superen ampliamente las superficies edificadas. Esta isla demuestra que lujo y sostenibilidad no son conceptos antagónicos, sino que pueden converger en un modelo replicable para otras metrópolis del Golfo Pérsico enfrentadas al desafío de crecer sin destruir su patrimonio natural.

