El paraíso de la segunda mano en Abu Dabi no está en un centro comercial de lujo ni en una app de reventa: tiene puertas doradas y se llama Al Yousuf Centre. Durante años, este edificio anodino del centro de la capital fue el rincón secreto de estudiantes, cazadores de gangas y, sobre todo, de la comunidad filipina. Pero cuando cruzas hoy sus puertas, el bullicio de antes se ha apagado. Los pasillos huelen a recuerdo y las persianas bajadas cuentan una historia que va de alquileres imposibles, rutas comerciales rotas y un hogar que se deshilacha.
El tesoro escondido tras las puertas doradas
El Al Yousuf Centre no era solo un mercadillo. Era un laberinto de pequeñas tiendas que los filipinos llaman ukay-ukay —tiendas de segunda mano— donde podías encontrar desde una camiseta del Manchester United original hasta un vestido de noche por unos pocos dírhams. Los sábados, la escalera mecánica apenas daba abasto con tanto ir y venir de bolsas, y el aire se llenaba de aromas de restaurantes que ya no existen. Muchos expatriados, sobre todo las trabajadoras del hogar y los recién llegados, encontraban aquí no solo ropa buena a precio de risa, sino también un pedazo de su país en forma de conversación y café compartido.
Por qué se están vaciando las tiendas (y no es solo por el alquiler)
La subida de las rentas ha sido el primer golpe. Almelita Jabinar, que lleva dos años trabajando en un ukay-ukay del edificio, cuenta que les han aumentado el alquiler tres veces en ese tiempo. “A veces me paso el día sin vender nada”, confiesa. Aunque las autoridades de Abu Dabi congelaron las rentas a corto plazo, para muchos negocios la medida llegó demasiado tarde. Aun así, quedarse aquí sin género que vender es una condena silenciosa.
El otro gran obstáculo vino desde el mar. El cierre efectivo del estrecho de Ormuz por la guerra en Irán ha cortado las rutas de suministro que alimentaban estos bazares. Angelito Estrada, otro comerciante, aún espera el envío de ropa que se quedó atascado en un almacén de Dubái. “Antes el negocio era bueno, pero ahora con los bombardeos no hay manera”, lamenta. Las pacas de ropa, esas bolsas gigantes de prendas prensadas que se vaciaban en el suelo y se convertían en montañas de tesoros, ya no llegan. El resultado: menos tiendas abiertas, menos clientes y más silencio tras las puertas doradas.

El hilo invisible de la comunidad filipina
Pero el Al Yousuf Centre siempre fue mucho más que un centro de gangas. Mariwilma Alvarida lleva ocho años visitándolo y lo resume así: “Me siento como en casa, como en mi propio país”. En sus días libres, viene a charlar y a tomar café con sus amigas. No necesita comprar nada; solo estar. Mehchi Sánchez, que trabaja como cuidadora y vive en el mismo edificio, baja a los pasillos cuando tiene fiesta solo para saludar. “Antes había muchas tiendas, un sastre, una oficina, un estudio de fotografía… era como un centro comercial de verdad”, recuerda. Hace poco falleció una amiga que trabajaba en un restaurante del edificio, y para ella el lugar guarda la memoria de ese aroma filipino y del bullicio que ya no volverá.
Este no es un simple cierre de negocios: es la extinción de un refugio emocional. Para muchos trabajadores migrantes, el centro era uno de los pocos lugares donde la soledad se llevaba un poco mejor. Por eso, cuando las tiendas echan la persiana, no se pierde solo un mostrador: se pierde un punto de encuentro que olía a hogar.
En cada percha del Al Yousuf Centre cuelga más que ropa: cuelga un pedacito del país que muchos dejaron atrás y el aroma del café que sabía a casa.
La otra cara del thrifting en los Emiratos
Hace unos meses llevé a una amiga española, recién llegada a Abu Dabi, al Al Yousuf Centre. Esperaba encontrarse algo parecido a los rastros que conocemos en Madrid o Barcelona, pero al salir me dijo: “Esto no es solo un mercado, Sofía, es casi un centro social”. Tenía razón. La segunda mano aquí tiene una capa extra que en nuestros países a veces se nos escapa: no es solo ahorrar o reciclar, es comunidad. Y ahora que las tiendas de siempre desaparecen, conviene mirar otras opciones que están brotando, como la iniciativa Naseej, el programa nacional de circularidad textil que acaba de lanzar Emiratos. Busca desviar las 220.000 toneladas de residuos textiles que generamos al año y convertir la ropa usada en oportunidad económica.
También hay quien ya se mueve por su cuenta. Ibrahim Kalokoh, un sierraleonés afincado en la capital, sigue fiel al centro porque encuentra “artículos originales” y presume de sus camisetas del Manchester United. Y Yana Peeva, recién graduada, lo define como “thrifting ético para el bolsillo y para el planeta”. Ambos saben que lo auténtico del Al Yousuf Centre no se reemplaza con una tienda vintage de alquiler alto. Como dice Yana: “Era uno de los últimos lugares que olía de verdad a lo que significa la segunda mano”.
Para que no te pille por sorpresa
- Lo más importante: El Al Yousuf Centre no es solo un mercadillo; es un punto de encuentro comunitario que demuestra que las gangas pueden ser también refugio y memoria.
- El error más común: Pensar que la segunda mano en los Emiratos es solo para necesidad económica. Muchos la practican por ética, sostenibilidad y por el tesoro de lo único.
- Te recomiendo: Seguir la pista a la iniciativa Naseej y, mientras tanto, explorar bazares como el de Mina Zayed o plataformas como Thrift for Good (en Dubái) para seguir encontrando joyas usadas.
- Para sonar local: ‘Ukay-ukay‘ — la palabra en tagalo para tienda de segunda mano, ya parte del dialecto callejero de la comunidad filipina en Abu Dabi.

