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Exportaciones de petróleo de Emiratos cerca del récord desde 2017: claves para entender la recuperación

Recuerdo perfectamente aquel enero de 2025. Las noticias sobre el conflicto en el Golfo llegaban como un runrún constante, y en los grupos de WhatsApp de la comunidad hispana de Dubái se respiraba una mezcla de incertidumbre y ese poso de ‘ya pasará’ que tan bien nos define a los latinos. Pero los precios en el súper subían, las empresas aplazaban decisiones y las miradas se volvían, inevitablemente, hacia el estrecho de Ormuz. Hoy, en julio de 2026, con las exportaciones de petróleo de Emiratos rozando los 3,9 millones de barriles diarios, aquello parece otro mundo. Y, sin embargo, las claves de esta recuperación económica nos tocan más de cerca de lo que creemos.

De dónde venimos: el miedo que nunca se nombraba en voz alta

Para un expatriado hispanohablante, la palabra ‘petróleo’ suena lejana, casi a geopolitiqueo de sobremesa. Pero cuando vives en Emiratos, el crudo es el latido silencioso que decide si tu empresa amplía plantilla o si puedes negociar un alquiler en JLT con un cheque menos. Tras la guerra en Irán, el tráfico por el estrecho de Ormuz cayó en picado y, con él, la certidumbre. En marzo de aquel año, las exportaciones emiratíes bajaron a 1,9 millones de barriles diarios. Una cifra que, traducida a la vida real, significó frenazos en proyectos, revisiones salariales congeladas y una pregunta que flotaba en cada majlis (la sala de reuniones tradicional emiratí): ‘¿Y si esto va a más?’.

La tubería que nos salvó (y que casi nadie conoce)

Si hay un nombre que deberíamos aprender los que vivimos aquí, es Habshan. El oleoducto que conecta ese campo petrolero con el puerto de Fujairah se ha convertido en el héroe discreto de esta recuperación. Tiene capacidad para mover hasta 1,8 millones de barriles diarios sin pasar por Ormuz, y los emiratíes lo han aprovechado al máximo. Además, la flota propia de petroleros ha permitido transferir crudo en el golfo de Omán, esquivando los puntos de tensión. Yo misma, que de oleoductos sé poco, no pude evitar emocionarme cuando las cifras empezaron a repuntar, porque eso significaba que la estabilidad que tanto nos ha costado construir no se iba a desmoronar.

Eso sí, no todo ha sido sobreproducción. El país echó mano de sus reservas estratégicas, como el complejo de Mandous, un almacén subterráneo cerca de Fujairah con 42 millones de barriles. Así consiguieron mantener la flexibilidad y que el suministro global no colapsara. Aunque para nosotros, la noticia se traducía en que la gasolina —que aquí se mira con lupa, porque moverse en coche es casi un acto reflejo— no subió tanto como nos temíamos.

Nadie te cuenta que la estabilidad económica se siente en el precio del brunch del viernes y en la tranquilidad con la que renuevas el visado.

Volver a un récord (y lo que eso nos dice sobre el futuro)

Según los datos de seguimiento de petroleros de Bloomberg, Vortexa y Kpler, junio cerró con exportaciones un 30% por encima del mes anterior, rozando la marca más alta desde 2017. Lo admito: al leerlo, me sorprendió la rapidez. En mayo, Emiratos ya había abandonado la OPEP, eliminando los límites de producción. Ahora el mercado mira con lupa cuánto petróleo puede realmente sacar el país. Y aunque Goldman Sachs advierte de que el mercado puede volver a un exceso de oferta cuando los efectos de la guerra se disipen, lo cierto es que la experiencia de estos meses nos ha enseñado una lección: los Emiratos han decidido no depender más de un solo paso marítimo.

Lo que a nadie le importa hasta que te toca

Cuando vives en un lugar donde la arena y el asfalto se reparten el paisaje a partes iguales, la macroeconomía te importa bastante menos que el aire acondicionado. Pero a mí, que llevo aquí el tiempo suficiente para haber llorado un agosto sin poder llamar a mi madre por la diferencia horaria, hay un detalle que me emociona más que las cifras de exportación: la voluntad de construir alternativas. El ministro de Comercio Exterior, Thani Al Zeyoudi, lo ha dicho con claridad: quieren reducir la dependencia de Ormuz a ‘cero’, y para eso ya se planean puertos más grandes en Dibba, Fujairah y Khor Fakkan, un nuevo puerto en la costa oriental y más tuberías, trenes y carreteras que conecten directamente con las instalaciones de petróleo y gas. Esto, para un español acostumbrado a que las infraestructuras se eternicen, me parece casi ciencia ficción. Y para la comunidad hispana que trabaja en logística, construcción o servicios, saber que hay un plan de crecimiento a diez o quince años es un soplo de aire fresco, de esos que tanto escasean a 45 grados.

Comparado con ‘allá’, donde la dependencia energética de terceros nos deja en vilo cada invierno, aquí la autosuficiencia se está convirtiendo en una seña de identidad. Y sí, también me chirría un poco que el impulso venga del petróleo cuando llevamos años hablando de diversificación, pero entiendo que la guerra ha acelerado lo que ya estaba sobre la mesa. Al final, lo que importa es que la vida siga: los niños en el cole británico, las cenas improvisadas en La Mer y esos viernes de playa que tanto nos recargan las pilas.

Para que no te pille por sorpresa

  • Lo más importante: La recuperación de las exportaciones de crudo está reforzando la confianza económica local, lo que suele traducirse en más inversión y mayor estabilidad laboral para los expatriados hispanohablantes.
  • El error más común: Asumir que Dubái vive exclusivamente del petróleo. La realidad es que el emirato diversificó su economía hace décadas; el crudo es más relevante para las finanzas federales y para emiratos como Abu Dabi, pero la estabilidad que genera nos beneficia a todos.
  • Te recomiendo: La app oficial de noticias gubernamentales UAE News (disponible en inglés y en español a través de su servicio de traducción) para seguir al minuto las decisiones que afectan a la economía y a los precios.
  • Para sonar local: ‘Mashallah’ (lo que Dios ha querido), una expresión que se usa cuando algo bueno sucede y no quieres llamar mal de ojo. Perfecta para comentar una buena noticia económica sin parecer demasiado eufórico.

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