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Honestidad en Dubái: expatriada recibe 700 dírhams de vuelta dos años después de rayar un coche

Aquella mañana de octubre de 2024, Mallika Boobna no podía imaginar que un simple rayón en un aparcamiento le devolvería la fe en la gente. Acababa de sacarse el carnet de conducir y su primer recorrido la llevó hasta un hotel en Business Bay. Nerviosa, intentó meter el coche de su tío —un Audi imponente— en una plaza, y al maniobrar sonó ese chirrido que te hiela la sangre.

Su corazón se detuvo. No era su coche, era de su tío, y además había arañado el de al lado. Dejó una nota con sus disculpas y el número de su compañero. Cuando Julia, la conductora del otro vehículo, contactó con ellos, lo primero que hizo fue agradecerles: “Podríais haberos ido sin más”. Ese gesto rompió el hielo y comenzó una historia que solo podía ocurrir en Dubái.

Pero la historia de Mallika y Julia no es solo una anécdota bonita para alegrar el café. A los dos años, Julia revisó sus pagos y comprobó que la reparación había costado 800 dírhams, no los 1.500 que le había cobrado la empresa de alquiler. Así que le devolvió 700 dírhams. Sin aviso, sin necesidad, sin que nadie la obligara. Lo hizo el mismo día que se dio cuenta.

El rayón que unió a dos desconocidas

Mallika llegó a Dubái en 2024 huyendo de la monotonía londinense. Se instaló en Jumeirah Lake Towers y enseguida se sacó el permiso de conducir. Aquel primer trayecto terminó con un susto, pero el desenlace convirtió el incidente en una amistad improbable. Julia, una perfecta desconocida, no solo no se enfadó: le agradeció la honestidad y le abrió la puerta de su casa en Jumeirah Beach Residences. Con el tiempo, los mensajes de buenos deseos en Navidad y las invitaciones espontáneas se convirtieron en lo normal.

Lo que me fascina de esta historia es que ninguna de las dos actuó por obligación sino por un respeto mutuo que brota con naturalidad en los Emiratos. Mallika pagó los 1.500 dírhams sin rechistar, aunque el coche fuera de alquiler y la factura, inflada. Y Julia, dos años después, al descubrir el error, devolvió el excedente antes de tomarse un café. Sin truco.

Y a mí, como a Mallika, me ha pasado más de una vez: la honestidad se respira en los gestos cotidianos. Me he parado a a pensar en todas las veces que un desconocido me ha devuelto algo sin esperar nada a cambio. La última, el mes pasado, cuando olvidé mi teléfono en un banco del parque Safa; un adolescente emiratí corrió detrás de mí para entregármelo y se fue con un simple afwan (de nada) y una sonrisa.

El gesto que solo pasa en Dubái

expatriado Dubái

Al final la ciudad termina contagiándote su calma. Cuando le preguntan a Mallika por qué cree que esto solo podría pasar aquí, su respuesta es sencilla: “En Dubái prosperamos”. Y tiene razón. La seguridad y el optimismo con que se vive el día a día, desde los colegios hasta los centros comerciales, crean un entorno donde ser buena persona es la opción más natural.

La honestidad en Dubái no es un golpe de suerte; es el reflejo de un sistema que te permite bajar la guardia sin miedo.

Si todavía estás dándole vueltas a dar el salto, te vendrá bien leer nuestra guía para recién llegados a Dubái. Allí te cuento, con los pies en la tierra, todo lo que necesitas saber para empezar con buen pie.

Yo también lo viví (y no me lo esperaba)

Vivo en Dubái desde hace casi una década y me sigue sorprendiendo. Recuerdo mi primer mes, cuando dejé mi cartera en un mostrador del aeropuerto y me llamaron antes de que yo me diera cuenta. En España, donde crecí, lo normal habría sido cancelar las tarjetas y dar la cartera por perdida. Aquí, en cambio, la integridad forma parte de la vida diaria y no depende de si llevas dos días o veinte años en el país.

Esa actitud no surge de la nada. La ley emiratí es estricta y las consecuencias de robar o mentir pueden ser muy graves, pero hay algo más profundo: el orgullo de vivir en una comunidad que valora la reputación por encima del beneficio rápido. Los valores que enseña el islam, compartidos por musulmanes y no musulmanes, impregnan la convivencia desde el colegio hasta el lugar de trabajo.

Quizás por eso no me extraña que Julia y Mallika vayan a tomarse un café la semana que viene para reírse juntas del rayón que las unió. Aquí, los accidentes no se olvidan, se transforman en vínculos. Y eso, créeme, no lo encuentras en cualquier parte.

Para que no te pille por sorpresa

  • Lo más importante: En Dubái, la honestidad no es una anécdota aislada; forma parte de la cultura de respeto mutuo que se vive a diario.
  • El error más común: Pensar que la amabilidad es solo para turistas. La realidad es que la mayoría de las personas, locales y expatriados, actúan con una integridad que sorprende a quienes llegamos de Europa o América Latina.
  • Te recomiendo: Si alguna vez pierdes algo en un taxi o en un centro comercial, acude a la oficina de objetos perdidos de la RTA o del establecimiento. Las probabilidades de recuperarlo son altísimas.
  • Para sonar local: ‘Shukran’ (شكراً) significa ‘gracias’. Decirlo con una sonrisa te abre muchas puertas.

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