La cultura en Abu Dabi tiene un nuevo punto de encuentro: una silla de plástico blanca bajo un foco. Sobre ella, cualquiera puede sentarse y coger el micrófono. Se llama jalsa —reunión, tertulia, gente sentada— y si acabas de aterrizar en Emiratos, es probablemente la puerta más amable que vas a encontrar.
Qué es Jalsa y por qué se ha ganado a la comunidad creativa
El escenario está en Manarat Al Saadiyat, el centro cultural de la isla de Saadiyat, a un paseo del Louvre Abu Dabi. Allí se han celebrado ya cuatro ediciones desde que el proyecto arrancó este verano, y el balance que maneja la organización es difícil de ignorar: más de 2.000 asistentes en cuatro meses, más de cien personas subidas al escenario y un equipo de producción de veinticinco voluntarios. Todo con entrada gratuita, según The National, y sin un gran patrocinador detrás.
La idea nació en un coche. Tres amigos —Hamad Al Shamsi, Abdullah Al Shamsi, que actúa bajo el nombre de NotSoHuman, y Preston Dcosta, pianista, batería e ingeniero de sonido— venían de mundos creativos distintos y de una misma frustración compartida. De aquel viaje salió Harmony Abu Dhabi, la empresa que está detrás de Jalsa. ‘Queremos que la gente pueda brillar, encontrar una plataforma en Abu Dabi’, resume Hamad. ‘Hay tanto que Abu Dabi tiene que ofrecer, y nosotros somos solo una gota en el océano.’
Aquella frustración tenía nombre propio: si querías hacer un open mic —un micro abierto, ese formato en el que cualquiera se apunta y canta, recita o cuenta un chiste—, tocaba conducir hasta Dubái. En Abu Dabi no había nada hecho en casa, nada que naciera de abajo hacia arriba. Y en lugar de esperar a que alguien lo montara, lo montaron ellos.
Cuatro capítulos: el majlis, el desierto, el mar y las estrellas

La última edición, celebrada hace unos días, dividió el espacio en cuatro capítulos inspirados en la historia del país. El primero se apoyaba en el majlis (la sala de reuniones tradicional, el corazón social de la casa emiratí) y su espíritu de acogida. El segundo entraba en el desierto y en la resistencia que exige sobrevivir en los momentos más duros. El tercero miraba al mar y a la relación de Emiratos con el resto del mundo. El cuarto, a las estrellas que guiaban a quienes cruzaban desiertos y mares, convertidas aquí en símbolo de los sueños. Cuatro capítulos y una sola historia, contada de una forma que cualquiera que lleve poco tiempo aquí agradece: no hace falta ser emiratí para entenderla.
El formato, además, es deliberadamente abierto. Las actuaciones se asignan por orden de llegada, sin castings ni currículums, y eso produce mezclas que en otros sitios no verías: gente de Ghana, Emiratos, Sudáfrica, Corea y Rusia en la misma noche, alguien subiéndose por primera vez y un artista de tres años. ‘Me encanta ver a la comunidad junta’, dice Aysha, una de las asistentes.
Hay escenarios que se construyen con presupuesto y otros con una silla y la firme decisión de no cerrarle la puerta a nadie.
Lo que una noche así le hace a quien llega de fuera
Te lo digo por experiencia: la cultura en Emiratos se te presenta muchas veces con ticket. Museos impecables, festivales enormes, conciertos de primer nivel y entradas que, sumadas, pesan en la cuenta a final de mes. Eso está bien, y se disfruta. Pero la vida cultural que de verdad te engancha cuando llevas años aquí es otra: la que ocurre en una sala con sillas plegables un jueves por la noche.
Yo empecé yendo a escuchar y acabé entendiendo algo que no me esperaba. En España el micro abierto es casi un género en sí mismo, con su público fiel y su bar de barrio. Aquí nace de otro impulso: de gente que llegó con una carrera creativa a medias, que en su país cantaba o pintaba los fines de semana y que descubrió que si nadie monta el espacio, hay que montarlo.
Para la comunidad hispanohablante esto tiene una lectura muy concreta. Somos muchos en Dubái y bastantes menos en Abu Dabi, y aun así la escena local crece: intercambios de idiomas, clases de baile, músicos que se reencuentran en eventos como este y que, de pronto, tienen un sitio donde probar sin desplazarse a otra ciudad.
La verdad incómoda es que casi todo esto vive de voluntad y de bolsillo propio. Jalsa, por ahora, se sostiene con dinero de sus impulsores, con entrada gratuita y una pequeña baqala —la tienda de barrio de toda la vida, aquí convertida en puesto de merch y snacks locales,— como principal fuente de ingresos. ‘Estamos en contra de que los artistas tengan que pagar’, dice Preston. ‘Nunca vamos a convertir el micro abierto en un evento de pago, porque los artistas han invertido muchísimo tiempo y esfuerzo en afinar su arte.’
Cómo aprovecharlo si acabas de llegar
Si te apetece ir, lo primero que necesitas saber es que la entrada a Jalsa no cuesta nada y que no hace falta invitación ni lista previa. Se celebra en Manarat Al Saadiyat, en la isla de Saadiyat, y llegar es sencillo en taxi, en coche propio o en los autobuses que suben desde el centro de Abu Dabi. Conviene llegar pronto si quieres sitio y bastante antes si tu plan es subirte a cantar, porque el orden de las actuaciones se llena rápido.
Y si eres de los que prefieren mirar, ve igual: escuchar también es participar. Para saber cuándo es la próxima edición, lo más fiable son los canales de Harmony Abu Dhabi y la agenda cultural que recoge la web oficial de turismo de Abu Dabi. Un último consejo de los que no salen en los folletos: si vas con niños, no descartes el plan. En Jalsa ha actuado un artista de tres años, y eso dice bastante del ambiente.
Al final, lo que me llevo de noches como esta no es un dato. Es la sensación de que Abu Dabi está dejando de ser solo la ciudad a la que la gente llega a trabajar para convertirse también en la ciudad donde la gente hace cosas porque le da la gana. Y eso, en una vida de expatriado llena de trámites, horarios y veranos imposibles, vale más de lo que parece. Ve con la mente abierta y sin expectativas. Spoiler: lo más probable es que salgas con ganas de volver.
Para que no te pille por sorpresa
- Lo más importante: Jalsa es gratuita y el escenario se asigna por orden de llegada, sin castings ni selección previa, así que subirse a actuar depende solo de atreverse.
- El error más común: creer que hay que pagar por actuar o que es un festival cerrado con cartel anunciado. No lo es: llegas, te apuntas y esperas tu turno.
- Te recomiendo: Manarat Al Saadiyat, en la isla de Saadiyat, y aprovechar el viaje para visitar el Louvre Abu Dabi, que está al lado.
- Para sonar local: ‘yalla’ (vamos, venga, date prisa), la palabra que oirás mil veces al día en Emiratos.


