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La historia de Al Khuzam: el enclave emiratí que Dubái quiere rescatar del olvido

La historia de Al Khuzam empieza con una cuerda de lana y un camello que no quería caminar recto. Suena a leyenda antigua, pero es el punto de partida de un proyecto de investigación que Dubái ha revisado estos días al más alto nivel para rescatar del olvido una de las piezas más queridas de la cultura emiratí. Y no, no es una pieza cualquiera.

Qué es Al Khuzam y por qué Dubái vuelve a mirarlo ahora

Vamos con lo básico, porque el nombre no te va a sonar de nada. Al Khuzam es una pieza tradicional nacida para guiar camellos: empezó como herramienta para conducir al animal y orientarse en el desierto, pasó después a formar parte del atuendo y de la vida cotidiana, y hoy es símbolo de identidad emiratí. Lo recogía The National este mismo 18 de septiembre, citando a la agencia estatal WAM.

El proyecto lo revisó el jeque Mohammed bin Rashid, vicepresidente y gobernante de Dubái, acompañado del príncipe heredero Hamdan bin Mohammed, del jeque Ahmed bin Mohammed y de Mohammed Al Gergawi, ministro de Asuntos del Gabinete. Que una investigación así llegue a ese nivel dice mucho de la importancia que se le da en el país. Eso sí, el detalle completo del archivo todavía no se ha hecho público, así que aquí va lo que ya se sabe.

De las riendas del camello al símbolo de identidad emiratí

patrimonio Dubái

La investigación ordena el relato en tres fases muy distintas. La primera es la del desierto: el khuzam como forma de dirigir camellos por un territorio donde orientarse era cuestión de vida o muerte. La segunda es la de la vida diaria, cuando la pieza salta del animal a las personas y se integra en el atuendo. La tercera es la de hoy, la del emblema: un objeto que representa a todo un país.

Hay un detalle que me parece precioso. El khuzam aparece mencionado en la poesía árabe, donde carga con asociaciones de camellos, viaje, liderazgo y resiliencia, y el proyecto rastrea pruebas históricas por todo el mundo árabe. No estamos ante un objeto mudo: tiene versos y tiene siglos.

La parte artesanal se documentará paso a paso, y todo empieza con la lana: se recoge, se hila, se tuercen las fibras, y se trenzan hasta formar una cuerda a la que después se añaden nudos, anillos y cadenas de plata. Funcionalidad y belleza en la misma pieza, sin separar una cosa de la otra.

El patrimonio no se conserva en una vitrina: se conserva en las manos de quien todavía sabe hacerlo y en los ojos de quien se para a mirar.

Y aquí viene lo bueno. El proyecto no se queda en el pasado: hay diseñadores emiratíes creando colecciones enteras a partir de sus anillos y sus hilos, y el objetivo es que artesanos, creadores y empresarios amplíen la presencia del khuzam sin romper el hilo con la herencia. Un oficio no es solo una técnica: es un sistema de conocimiento, materiales e historias que solo sobrevive si pasa a manos jóvenes.

Lo que tardé dos años en reconocer

La primera vez que vi un khuzam no tenía ni idea de qué era. Estaba colgado en un puesto, con sus anillos y su cadena de plata, y pensé que era bisutería para turistas. Me equivoqué de lado a lado. Tardé casi dos años en entender que tenía delante una pieza que aquí se lleva toda la vida, y que para muchas familias emiratíes no es un recuerdo de museo, sino algo que ha estado siempre en casa.

Donde de verdad se ve no es en una tienda. Es en las ferias de patrimonio, en los festivales culturales, en las carreras de camellos de Al Marmoom una mañana de invierno, o en un majlis (la sala de reuniones tradicional, el corazón social de la casa emiratí) cuando alguien mayor de la familia se pone a explicar cómo se trenzaba aquello. Ahí lo entiendes todo de golpe.

Y aquí viene la parte incómoda, la que nadie te cuenta antes de llegar. Si vienes de España o de Latinoamérica, tu mirada sobre lo artesanal está educada por otra historia: nos emocionamos con un telar, con unas albarcas, con la trashumancia que casi se pierde en nuestro pueblo. Pero al aterrizar aquí miramos primero el skyline, el brunch y el centro comercial, y el patrimonio emiratí se nos queda en el ángulo muerto durante meses. No es desinterés. Es que esta ciudad te enseña antes lo nuevo que lo viejo.

Con el tiempo aprendes que aquí el patrimonio no se exhibe, se comparte: en una boda, en un iftar (la comida con la que se rompe el ayuno al caer el sol durante el Ramadán), en una visita a casa de alguien que te enseña con orgullo una pieza heredada. En la comunidad hispanohablante pasa algo curioso: casi nadie llega sabiendo qué es un khuzam, y quienes llevan años aquí lo descubren por esa vía, la de la amistad, no la del folleto turístico.

Qué puedes hacer tú con todo esto

Lo primero es saber dónde mirar. Al Fahidi, el barrio histórico de Dubái, es el mejor punto de partida para entender de qué hablamos cuando decimos patrimonio local, y la Autoridad de Cultura y Artes de Dubái (Dubai Culture) publica cada temporada sus ferias y actividades. Hatta, con su pueblo patrimonial, merece el viaje.

Lo segundo es la forma. Pide permiso antes de fotografiar a alguien, sobre todo en una feria o en una casa, y no toques las piezas expuestas sin que te lo indiquen. Aquí las cosas funcionan diferente y eso tiene su encanto: se pregunta, se espera, se agradece. Un ‘salam’ bien dicho abre más puertas que cualquier cámara.

Y lo tercero, paciencia: los resultados completos se irán conociendo poco a poco, porque el archivo todavía no es público. El Gobierno de los EAU reúne la información oficial de este tipo de iniciativas en su portal institucional, por si quieres seguirle la pista. Con esto ya tienes bastante para mirar la ciudad con otros ojos.

La próxima vez que pases por delante de un puesto y veas una cuerda de lana con anillos de plata, no sigas de largo. Pregunta qué es, quién la hizo y de dónde viene. Te lo digo por experiencia: ahí dentro cabe una historia de siglos, y te la van a contar encantados.

Para que no te pille por sorpresa

  • Lo más importante: Al Khuzam nació como herramienta para guiar camellos y hoy es símbolo de identidad emiratí: tres fases documentadas, del desierto al emblema.
  • El error más común: confundirlo con bisutería de mercadillo. La mayoría de los recién llegados lo ve sin verlo, y no pregunta.
  • Te recomiendo: empezar por el barrio histórico de Al Fahidi y por las ferias que anuncia Dubai Culture cada temporada; si puedes, añade una mañana de carreras de camellos en Al Marmoom.
  • Para sonar local: ‘khuzam’ (la pieza tradicional de la que habla este artículo) y ‘salam alaikum’ (la paz sea contigo), el saludo que abre cualquier puerta.

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