Todavía recuerdo la primera vez que, sin saber mucho de ciclismo, me encontré pegada a la pantalla viendo una etapa del Tour de Francia. Era julio, en Dubái, y fuera el termómetro rozaba los 46 grados. Pero dentro de aquel café en JLT, entre expatriados de medio mundo, el silencio solo se rompía cuando atacaba un esloveno de sonrisa tímida que corría con los colores de los Emiratos. Hoy, ese chico —Tadej Pogacar— acaba de escribir su nombre por quinta vez en el palmarés de la carrera más grande del ciclismo, y lo ha hecho con el UAE Team Emirates en el pecho. Y no te voy a engañar: aunque no seas un fanático del pedal, aquí, en Emiratos, esta victoria se siente como un triunfo de casa.
Pogacar, a sus 27 años, selló este domingo en París un quinto Tour que lo iguala con Anquetil, Merckx, Hinault e Induráin. Son palabras mayores. “Cruzar la línea en París con cinco títulos es algo que no escribirías ni en un cuento”, dijo el esloveno, visiblemente emocionado. Y razón no le falta: con siete Tours disputados y siete podios, su dominio empieza a parecerse al de las leyendas que coleccionaban maillots amarillos en blanco y negro.
Un quinto Tour que iguala a las leyendas
La etapa final fue un espectáculo que ni los guionistas de Netflix se habrían atrevido a firmar. Mathieu van der Poel se escapó junto a Pogacar en la subida a la Butte de Montmartre y, contra todo pronóstico, resistió al pelotón en los Campos Elíseos para llevarse la victoria de etapa. El neerlandés, con 31 años, no dudó en rendir homenaje al campeón: “Estaba con el mejor ciclista del mundo”, confesó tras cruzar la meta.
Pero el dato que más ruido ha hecho no está en el asfalto parisino, sino en las palabras de Eddy Merckx. El belga, que a sus 81 años sigue siendo el caníbal del ciclismo, no se anduvo con rodeos: “No creo que se conforme con igualarnos. Pronto romperá nuestro récord de victorias en el Tour”. Cuando Merckx habla, el mundo del ciclismo calla, y esta vez vaticinó un sexto título para el esloveno.
El equipo de los Emiratos, mucho más que un patrocinador
Aquí es donde la historia se vuelve cercana para quienes vivimos en EAU. El UAE Team Emirates no es solo una línea en una camiseta: es la apuesta más visible de los Emiratos por el deporte global, y una conexión muy real entre el país y un ejército de aficionados que pedaleamos cada fin de semana por Al Qudra o por la pista de Nad Al Sheba. La estructura que ha llevado a Pogacar a lo más alto tiene raíces profundas en Abu Dabi, y su éxito es motivo de orgullo para los locales y también para la comunidad de expatriados que seguimos el ciclismo con devoción.
De hecho, el patrocinio de Emirates al equipo WorldTour ha coincidido con un crecimiento explosivo de clubes ciclistas en Dubái. Ver a Pogacar ganar no es solo una noticia de deportes: es un recordatorio de que, en este rincón del desierto, montar en bici deja de ser una rareza para convertirse en un estilo de vida.
Cómo se vive el ciclismo en Dubái (y por qué te engancha)
Si algo he aprendido en estos años es que, en Emiratos, el ciclismo se practica de una forma muy distinta a la que conocía en España. Aquí se sale a rodar al amanecer, porque a las ocho de la mañana ya aprieta el calor. Los sábados y domingos, la pista de Al Qudra —un circuito de más de 170 kilómetros en pleno desierto— se llena de grupos de todas las nacionalidades: españoles, italianos, sudafricanos, británicos… y, por supuesto, un número creciente de emiratíes jóvenes que han hecho de la bici su pasión.
Recuerdo la primera vez que me animé a probarlo. Salimos a las 5:30, con una luz anaranjada que tiñe las dunas y una temperatura que, a esa hora, es casi un regalo. La verdad es que no me sentí fuera de lugar en ningún momento. Al contrario: el ciclismo aquí tiene un aire inclusivo y cosmopolita que engancha. Y cuando semanas después ves a Pogacar atacar en la tele, ese sentimiento de pertenencia se multiplica.
El Tour de Francia se sigue con pasión en los hogares hispanohablantes, pero también en los cafés y en las pantallas gigantes de algunos centros comerciales. Esta victoria ha sido la excusa perfecta para que la comunidad se reúna, comente la etapa y, por qué no, planee la próxima salida en grupo.
Nunca pensé que un esloveno vestido con los colores de los Emiratos me haría sentir tan cerca de casa.
Lo que viene: Merckx ya le ve un sexto Tour
Mientras escribo esto, las quinielas para el próximo año ya están sobre la mesa. Con solo 27 años, Pogacar tiene tiempo de sobra para destrozar récords, y Merckx no es el único que lo ve desbancando a los cinco magníficos. En Emiratos, la pregunta no es si ganará otro Tour, sino cuántos más.
Eso sí, el esloveno también tuvo palabras para los rivales que se quedaron en el camino, como Jonas Vingegaard, que se cayó y no pudo pelear. “Es una pena que Jonas y otros se lesionaran. Espero que se recuperen pronto y el año que viene luchemos otra vez”, dijo. Esa mezcla de ambición y humildad es, precisamente, lo que le ha ganado el cariño de medio mundo.
Para quienes vivimos aquí, cada victoria de Pogacar refuerza la idea de que los Emiratos son mucho más que rascacielos y centros financieros: son también un país que respira deporte, que invierte en talento y que, a través del ciclismo, se ha ganado un asiento en la mesa de los grandes. Y no, no es un discurso de márketing: es lo que sientes cuando pedaleas a las seis de la mañana con la bandera emiratí ondeando en algún manillar.
Para que no te pille por sorpresa
- Lo más importante: El ciclismo en Emiratos no es solo un deporte de élite; es una actividad social que une a la comunidad expatriada y local, sobre todo los fines de semana al amanecer.
- El error más común: Pensar que no puedes montar en bici si no eres un profesional o que hace demasiado calor. Las pistas están preparadas y el truco está en salir pronto, antes del sol fuerte.
- Te recomiendo: La pista de Al Qudra, con sus diferentes recorridos señalizados y zonas de descanso. Si empiezas, prueba el bucle corto al atardecer y verás cómo engancha.
- Para sonar local: ‘Yalla, let’s ride!’ (Vamos, ¡a rodar!). Esa mezcla de árabe e inglés es pura convivencia ciclista de los viernes por la mañana.


