Kanika Arora, una expatriada india de 42 años, escuchó su nombre en el sorteo del Big Ticket Abu Dabi y el mundo se detuvo por un instante. Veinticinco millones de dírhams, el equivalente a casi 6,8 millones de dólares, acababan de aterrizar en su cuenta. Y lo primero que sintió no fue euforia, sino un silencio atronador.
El instante que paraliza una vida
“Al principio estaba demasiado atónita para procesar lo que había pasado”, declaró tras la gala, según recoge la prensa local. “Me quedé completamente sin palabras”. La ganadora, originaria de Delhi, lleva años viviendo en los Emiratos y compartía con su marido la ilusión de ganar algún día el premio mayor. Habían hablado tantas veces de qué harían si la suerte les sonreía que, cuando ocurrió, no supieron por dónde empezar.
El plan inmediato es comprar una casa. Un hogar propio, de esos que en la conversación de sobremesa siempre parecían inalcanzables. También compartirá una parte con la familia porque, dice, “nunca se sabe cuándo un sueño puede hacerse realidad”. Con una humildad que desarma, Kanika resume en nueve palabras lo que cualquier expatriado entiende: aquí, a veces, la fortuna llama a la puerta sin avisar.
Big Ticket: el sueño que comparten taxistas, oficinistas y emprendedores
El Big Ticket nació en 1992 con un primer premio de un millón de dírhams y se ha convertido en uno de los sorteos mensuales más populares del país. Participar cuesta 500 dírhams (unos 125 euros al cambio) y los boletos se pueden adquirir por internet o en los mostradores del aeropuerto de Zayed y del aeropuerto de Al Ain. La mecánica es tan sencilla como adictiva: compras, esperas el sorteo en directo y dejas que la imaginación vuele un rato.
Lo fascinante no es el premio en sí, sino cómo une a las personas. He visto grupos de compañeros de trabajo poner dinero en un bote durante meses, he escuchado a taxistas contar con detalle qué harían con 25 millones y he sentido esa electricidad en la oficina cada vez que se acerca la fecha del sorteo. Es el souq de la esperanza, sin tenderetes pero con la misma fe de quien regatea al destino.

El día después: entre la euforia y las decisiones importantes
Cuando la noticia empieza a calar, la felicidad se mezcla con un vértigo práctico. Comprar una casa en los Emiratos no es algo que se haga de un día para otro y gestionar una suma así requiere cabeza fría. Pero Kanika lo tiene claro: hogar primero, después compartir y más tarde, ya se verá. Esa mezcla de prudencia y generosidad dice mucho de la cultura del subcontinente indio, tan presente en Emiratos.
Ganar un premio así en los Emiratos no es solo cambiar de coche: es despertar y darte cuenta de que la hipoteca ha desaparecido para siempre.
La historia de Kanika no es un caso aislado. Cada mes, alguien ve su vida transformada por una combinación de números. Y aunque las probabilidades sean ínfimas, la ilusión es un motor poderoso. Lo saben bien los miles de expatriados que, como ella, vinieron a trabajar duro y, de paso, compran un boleto por si acaso.
Mi experiencia con la fiebre de los sorteos en los Emiratos
La primera vez que fui a a comprar un boleto del Big Ticket fue con un grupo de amigos españoles y argentinos recién llegados a Dubái. Era un plan de viernes: desayuno largo, karak en la mano y la charla eterna de qué haríamos con el premio. Nos reíamos mucho, nos creíamos listos y, cuando perdimos, repetimos la tradición al mes siguiente. No era solo la posibilidad de ganar: era ese ritual compartido que, sin darnos cuenta, nos ayudaba a sentirnos un poco más en casa.
En España o Latinoamérica, la lotería también mueve ilusiones, pero aquí tiene un sabor distinto. Es un país donde todo es nuevo, donde muchos llegamos sin red familiar y donde el golpe de suerte se imagina como el atajo hacia la estabilidad definitiva. Por eso, cuando un expatriado gana, la noticia corre como la pólvora en los grupos de WhatsApp: “¿Viste? ¡Es de Delhi, como nosotros!”. Y durante unos días, el escepticismo se rinde ante el “y si…”.
Esa emoción colectiva es lo que hace único al Big Ticket. No es solo un sorteo; es un hilo invisible que conecta a desconocidos en una misma fantasía. Y aunque el islam desaconseja los juegos de azar, la realidad social de los Emiratos, con su enorme diversidad cultural, permite que estas iniciativas convivan sin fricciones siempre que se vivan con responsabilidad.
Para que no te pille por sorpresa
- Lo más importante: El sorteo es legal y está regulado, pero sigue siendo un juego de azar. Nunca arriesgues dinero que necesitas para vivir.
- El error más común: Creer que comprar más boletos multiplica las posibilidades. La probabilidad sigue siendo minúscula y el gasto puede descontrolarse.
- Te recomiendo: Si te animas, hazlo en grupo. Compartir el coste y la ilusión con amigos o compañeros de trabajo lo convierte en una experiencia mucho más bonita. Y si ganáis, la fiesta será épica.
- Para sonar local: “Inshallah, next time I win” (Ojalá la próxima vez gane). Esa frase, mezcla de esperanza y humor, la sueltas al salir del sorteo y todo el mundo sonríe.


